Crónica personal

Pilar / cernuda /

Primero de Mayo

EL país de los 6 millones largos de parados debería conmemorar el 1 de mayo, el Día Internacional del Trabajo, con manifestaciones masivas de apoyo a los sindicatos y protesta por las políticas del Gobierno que han provocado el índice de desempleo más alto que se recuerda. Sin embargo, la protesta en la calle no ha sido ni de lejos la de otros años, años en los que España era un país en el que existían perspectivas de futuro. No pueden achacarse las ausencias al "puente" madrileño porque muy pocos españoles han podido disfrutarlo, por no vivir en Madrid o porque no disponen de medios para hacerlo; si el 1 de mayo no ha cumplido las expectativas ha sido simplemente porque la imagen de los sindicatos ha caído en picado y existen motivos sobrados para que así sea.

Ya ha ocurrido en las últimas huelgas generales convocadas, que pasaron sin pena ni gloria. Existen motivos más que suficientes para sumarse a las manifestaciones contra el Gobierno, pero cada vez son más los españoles que claman contra las políticas de Rajoy pero abominan del papel de los sindicatos en estos años. Años en los que han demostrado escasa sensibilidad para hacer suyos los problemas de los parados mientras han dedicado su tiempo a tratar de garantizarse sus privilegios, las subvenciones, y que no se redujeran excesivamente el número de liberados o los cursos de formación, su principal fuente de ingresos.

A medida que ha ido creciendo el número de parados se conocían más informaciones sobre actividades sindicales que han enfurecido a los españoles en general y a los desempleados en particular: el papel que han jugado en Andalucía en el fraude de los ERE que ha movido docenas de millones de euros, el hecho de que los sindicatos cobren un porcentaje por cada trabajador afectado por un ERE, conocer exactamente el número de liberados así como sus salarios y horas de trabajo -regulados ahora por la Ley de Reforma Laboral- o la reticencia a ser incluidos en la Ley de Transparencia, que no han conseguido porque tanto gobierno como PSOE han pactado que los sindicatos estén dentro de ese control. Tampoco ha ayudado a mejorar la imagen que Méndez se perpetúe en UGT cuando se pide regeneración de nombres en todas las instituciones o conocer las cantidades que han cobrado algunos de sus dirigentes por sentarse en consejos de administración de cajas o empresas públicas.

En esa situación, no puede sorprender que en el país con mayor índice de parados de la UE después de Grecia el 1 de mayo no se haya vivido con un respaldo masivo.

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