Primera cita

"Quieren el deslumbramiento de los quince años con el escepticismo de la madurez"

De noche emiten un programa de televisión en el que parejas de todo pelaje buscan encontrar a su media naranja en una primera cita, cenando en un restaurante. La mayoría, nada más sentarse a la mesa, muestra su interés por los tatuajes, los gimnasios y las series. Da el retrato de una España hortera, musculosa, tatuada y de las más variadas y superpuestas orientaciones sexuales. No parece que esté preparado ni que sean actores o yo soy muy ingenua, que puede ser porque yo de tele entiendo poco. Pero lo más sorprendente es que apenas han transcurrido los primeros minutos de conversación de pareja y han tomado el primer sorbo, surge la pregunta estrella: ¿qué te he parecido?, pregunta que pone en un aprieto a más de un comensal. Este programa es una versión actualizada y rejuvenecida de aquel otro de Juan y Medio especializado en buscar parejas a los viejos. Los viejos van más al grano y preguntan siempre lo primero si el otro tiene carné de conducir y si les gusta bailar. Se comprende que a esa edad es imprescindible moverse. Los hay arcaicos que preguntan a la mujer si saben lavar, planchar y cocinar, porque en verdad buscan una asistenta.

Cuento todo esto no porque quiera buscar pareja sino porque me hipnotiza la manera que tiene la gente de relacionarse. La supuesta dificultad que deben encontrar en la vida real para tener que recurrir a un plató de televisión. Contradice al sentido común que vayan a buscar pareja gente joven y guapa que se supone que no tiene problema alguno para ligar. En muchos se evidencia, más allá de la vergüenza por estar ante las cámaras una clara torpeza a la hora de conversar. La mayoría no sabe de qué hablar, qué decir apenas han transcurrido unos minutos y no ven al otro derretirse por sus huesos. No saben nada de seducción por más escotados y apretados que vayan unas y otros. Ignoran que con lo que más se conquista es mostrando interés y gusto por estar con la otra persona.

Muchos, cuando finalmente se les pregunta tras la cena si quieren una segunda cita, contestan que no, que no ha habido química. Quieren el deslumbramiento de los quince años con el escepticismo de la madurez y así es bastante raro que algo llegue a cuajar porque lo que suele gustarnos a primera vista es lo inalcanzable.

Nos hemos vuelto imagen. Apenas músculo y tatuaje. Nuestra conversación no va más allá de escuetos WhatsApp, pero pretendemos enamorarnos y enamorar. Difícil, difícil.

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