Libre directo

Jose Pettenghi / Lachambre

Preconcejales

Altos intérpretes de la voluntad del pueblo han descifrado, por fin, lo que nos aqueja: que tenemos sed de urnas. Si no viniera de donde viene -¿desde cuándo la derecha suspira por las urnas?- juraría que tan solo se trata de picores de impaciencia.

Pero da igual, ha sonado la trompeta y opinadores y tertulianos están desatados. Cerrados sobre sí mismos, jalean enfervorecidamente las opiniones propias, maldicen las ajenas y desprecian cualquier dato objetivo que contradiga sus prejuicios. El ciberfacherío babea de gusto y ofende, difama y calumnia desde el anonimato. Es el forofismo.

En este caldo de cultivo del forofismo florecen los preconcejales; o sea, personas humanas que van haciendo méritos, desesperadamente, para la presunta concejalía, el cargo virtual o la asesoría remunerada. Lo que haga falta, pues ya es temporada de preconcejales.

En este Cádiz amojamado también. A pesar de su autoproclamado cosmopolitismo y la vana ostentación de ser cuna de la libertad, hoy no es más que una ciudad chandalera, ignorantona y vociferante, con un nivel de espíritu crítico más propio del ganado lanar. Pero, pese a todo, aquí también es ya temporada de preconcejales.

Hermanos mayores encorbatados y señoras anacrónicas ya se ven dando órdenes al frente del urbanismo o de la economía de la ciudad; soñolientos licenciados en primero de Derecho y lechuguinos "con estudios de" sueñan con la gestión del medioambiente o de la cultura local.

Ilusos. Los trenes de los deseos van al contrario de la realidad, que decía el gran Adriano Celentano: ignoran que poco a poco se disolverán en la mediocridad municipal y se dedicarán a asistir a croqueteos, entregas de placas o desfiles de voluntarios a los atronadores sones de bandas de cornetas y tambores.

Prevalecerá, como hasta ahora viene ocurriendo de forma inexorable, la propaganda -casi un apostolado ya- sobre la realidad, y la imagen sobre las ideas. ¿Ideas? ¡Qué ocurrencia! Si en Cádiz, más allá de la sed de urnas lo que hay de verdad, de verdad, es hambre de carnaval. No hay más que fijarse.

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