Desde mi cierro

Pedro Mª / González / Tuero

Popurrí de lamentos

Amí esto de las lamentaciones no me va. Lamentarse está fuera de lugar y es agua pasada. No obstante, creo que el enumerarlas puede servir de terapia y hasta de motivo de reflexión si su autor tiene deseos de rectificar. Por ello, aquí tiene el lector una serie de sufrimientos que a este escribidor impertinente lo saca de quicio y lo lamenta.

Porque estoy cansado de oír hasta la extenuación la palabra "cariño", porque hay cariño para todo, está de moda, y ha perdido su valor tan encantador por su carga semántica de entrega y amor hacia quien iba dirigido. Ahora todo es cariño, cariñosa y falsa expresión que hasta el pescadero de turno, por quedar bien el hombre, se lo dedica a tu esposa o a tu madre. Estoy hasta la coronilla de que me digan a cada momento que todo va bien, que va mejor todavía, que eso de cuatro millones de parados no es nada, que este país es la leche y que su Presidente es un verdadero iluminado; que se va a América a rezar y saca el bíblico Deuteronomio -que nunca habrá leído- y lo descontextualiza y lo interpreta como a él le da la gana. Me fastidia y lamento que para tomar una cerveza o cualquier refresco, el camarero de turno te pregunte si quieres usar un vaso. Me increpa y me siento engañado que la Delegada de Educación de esta provincia venga a La Isla y se pasee por mi instituto y diga lo grande e importante que será, cuando todavía no ha adjudicado las obras de esa eterna reforma. Estoy harto de darle la vuelta al otro periódico para leer lo de carnaval. Lamento y mucho, que todo lo que haga el bipartito municipal de nuestras penas, esté mal hecho y que estos socialistas isleños le pongan "peros" hasta en el alma. Me jode no tener un duro y me desatina contemplar tanta belleza -con perdón de la igualitaria Bibiana- teniendo yo la edad que tengo.

Total, quejidos del alma que no son para tanto. Lastimosas reflexiones que no sirven para nada. Gilipolleces de uno que ya está a la deriva. Al borde hasta hace poco de la prejubilación deseada, aunque eso de alcanzarla dependerá de lo que nuestro ínclito Presidente haya interpretado en la Biblia -nuevo libro que acaba de descubrir para sus soluciones económicas-. Pero esto no es un lamento, es una aberración. Así vamos.

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