Populismos extremistas

Son los herederos y herederas de la guerra civil, que han desempolvado del baúl de los recuerdos

El político español más influyente en la última década es Pablo Iglesias Turrión. Y el que más daño le ha causado a la democracia de este país también, porque ha sembrado la cizaña del populismo, que ha crecido a la izquierda y a la derecha. Llegó levantando la bandera de la nueva política, como una alternativa de izquierda. Y desde la derecha le opusieron como alternativa a Ciudadanos, que ha fracasado, porque jugaban a liberales y socialdemócratas, y para liberales ya estaba un sector del PP y para socialdemócratas un sector del PSOE. Se consolidó en el extremo izquierdo Podemos, y en el extremo derecho irrumpió Vox, que también son hijos de ese populismo, aunque con las ideas al revés. Los dos se necesitan y se alimentan, como se ve estos días.

El populismo que sembró Pablo Iglesias ha tenido consecuencias en el PSOE y en el PP. En el PSOE le dio alas al sanchismo populista, que acabó con las posibilidades de tener un líder socialdemócrata del tipo de Emiliano García-Page, o alguien así. Y en el PP, desde la caída de Rajoy, se abrió el debate de los dos PP: el más liberal o el más conservador. El más liberal es el de Feijóo y Juanma Moreno, que borraron a Ciudadanos en Galicia y en Andalucía le han dado la puntilla. Y el más conservador es el que capitanea Isabel Díaz Ayuso, espoleada por los sucesores de Aguirre, que creen que toda España es como Madrid, y además quieren ser tan carcas como Vox. Todo esto sin entrar en el asunto de Cataluña, donde el PSOE y el PP van dando palos de ciegos, y donde el sanchismo sólo aspira a pescar los votos necesarios para que Frankenstein siga vivo, también con la amistosa compañía de Bildu, que ya no parecen colegas de los que asesinaban a militantes socialistas.

Con la ley del sí es sí se ha visto hasta dónde llega el populismo. Una mujer podemita, Irene Montero (que es como la señora de Ceausescu revivida), nunca se equivoca, la culpa es de los fachas con toga. También se ha visto que una mujer de Vox, Carla Toscano, con el beneplácito de sus jefes, puede insultar en sede parlamentaria con alusiones personales soeces. Son los herederos y herederas de la guerra civil, que han desempolvado del baúl de los recuerdos. Quizás porque los populistas utilizan la democracia para aprovecharse de ella, pero no creen en su fundamento, que es la libertad y el respeto a los contrarios.

A eso llaman el debate intelectual. Así nos va, con tales ideólogos. Y con la estupidez convertida en norma de conducta.

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