tribuna libre

José Blas / Fernández / Senador Por Cádiz

Poniendo rumbo a España

A nadie se le escapa que nuestro país se encuentra en una situación crítica. Lo contrario es no querer decir la verdad. Cruda realidad, pero en su reconocimiento, no ocultación, como hasta el último momento ha hecho el anterior gobierno, está el principio de su superación.

La realidad está superando las hipótesis de trabajo más pesimistas del nuevo ejecutivo, que se ve obligado a enfrentarse a un déficit público de un 8% del PIB, cuando el objetivo al que se había comprometido el gobierno era del 6%, diferencia que supone una desviación de 5.000 millones de euros. Todo ello sin conocerse aún la verdad de las cuentas andaluzas.

Esta tremenda situación conduce simple y llanamente a que se dude de España, pues no es otra cosa lo que reflejan los mercados. Y esto es algo ante lo que un gobierno no puede quedar impasible. Tiene que tomar medidas, aún siendo algunas de ellas ciertamente dolorosas.

Es irrenunciable marcar un nuevo rumbo hacia la generación de confianza, estabilidad y creación de empleo. Todo cambio de rumbo produce un notable zarandeo, incluso puede que algún golpe, si la mar está tan alterada como en estos momentos la economía mundial y la europea. Pero cuando el barco corre peligro de choque y hundimiento, hay que entender que el giro es absolutamente necesario.

Este es el escenario en que personas como Mariano Rajoy han tomado el timón. Europa y el mundo no pueden seguir pensando que fijamos un objetivo de déficit para luego no alcanzarlo. Nos hemos comprometido ante la Comisión Europea a que nuestro déficit para este año se situará en el 4,4% del PIB. Y esto, en la situación actual, no va a ser nada fácil de conseguir, pues significa reducirlo casi a la mitad. Pero no nos queda otra, lo contrario nos conduciría a una pérdida de credibilidad y salir de entre los países desarrollados, con unas consecuencias sobre la población muy superiores a la de una pequeña y temporal subida de la presión fiscal.

El gobierno tiene por delante una ardua labor de ajustes y cambios que no pueden focalizarse sólo en la subida impositiva, y en este sentido está haciendo el mayor esfuerzo para no perjudicar socialmente a los españoles. Y esto debe entenderse y comprobarse con actuaciones como la de optar por el impuesto más social, como el IRPF, que grava más a los que más tienen, al tiempo que mantiene intactas las pensiones y la prestación por desempleo. Pero la tarea de reducción del déficit público tiene que continuar, de ahí la aprobación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, como primer paso, a la que seguirán la reforma laboral, y regulación financiera.

Estamos probablemente en el momento más duro de la crisis, de cambios históricos que marcarán el futuro de nuestro país; está en juego ni más ni menos que la forma y calidad de vida de los jóvenes y las próximas generaciones y una corrección de rumbo de este calado y en estas circunstancias exige de un gran esfuerzo y sacrificio para alejarnos de la corriente del deterioro económico por la que aún nos vemos arrastrados. Nuevo rumbo que nos permita trazar la ruta de un marco estable, de libre competencia sin distorsiones, en la que crezca la economía y el empleo.

Por ello tenemos que empezar por ser conscientes de la realidad y de lo que nos estamos jugando y no dejarnos engañar una vez más por los que quieren seguir mirando para otra parte y decirnos sólo lo que queremos oír. Hay muchas cosas que se han mantenido con el endeudamiento y más endeudamiento. Alguna vez había que cambiar, y a eso estamos dispuestos muchos españoles, para lo que pedimos comprensión, en la seguridad de que somos capaces de salir de ésta, aún sabiendo que no va a ser posible sin esfuerzo y sacrificios, preservando en todo lo posible nuestro bienestar social. Quien diga lo contrario, miente una vez más, en lugar de actuar con responsabilidad.

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