Soy un convencido defensor del humor. Si se me apura, podría proclamar que es el primer cristal con el que debemos mirar el mundo. Eso sí, teniendo muy presente que no es lo mismo tomarse las cosas con humor que tomárselo todo a cachondeo, ni por supuesto tiene nada que ver con burlarse de la gente. Así que si me dijeran que la campaña que está a punto de empezar (aunque lleve meses en marcha) se va a aplicar con los métodos de Chaplin, Billy Wilder o Jardiel tal vez daría saltos de alegría. Pero por los prolegómenos que estamos viviendo estoy por asegurar que más bien el 'debate' será lidiado con la brocha gorda y el altavoz distorsionado, haciendo burla del adversario, practicando el escarnio "sin complejos" y vendiendo el cachondeo al mejor postor de la risa más fácil. Y procurando que nos distraigamos, con la peor versión de las españoladas que sufríamos en otros tiempos.

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