La fábula

Juan Antonio / Micó

Poder y dinero

NO será la primera vez que habrán visto escrito que el poder y el dinero son los valores que mueven el mundo. Quien dijo esto, olvidó que también el mundo se podría mover por amor entre personas, animales o cosas. Lo olvidó porque probablemente quien lo dijo consideró el amor algo más cualitativo que cuantitativo, y seguro que no le faltaba razón. El amor o se tiene o no se tiene, no se siente un poquito de amor. El amor es cualitativo. Sin embargo, el poder y el dinero, como alguien también ha escrito, no tiene límites. Mucho poder es mejor que poco poder, y mucho dinero es mejor que poco dinero. Tal vez por este razonamiento, que no deja de ser tan abstracto como cierto, no creo a ningún político o banquero que dice que tal o cual cosa lo hace por y para el pueblo. Pero tampoco es esto totalmente cierto, la palabra amor también se ajusta a un político cuando tiene "amor al poder", y en el caso del banquero "amor al dinero", que viene a ser más o menos lo mismo. A nivel personal, tanto el banquero como el político podrán sentir amor por una persona, cosa o animal, pero como banqueros o políticos solo tienen amor al dinero y al poder respectivamente, lo demás es cuento. Pero, ¿qué ocurre cuando poder y dinero van juntos? ¿Qué ocurre cuando estos valores se mezclan en unas mismas manos? ¿Qué ocurre cuando un banquero ama el poder o cuando un político ama el dinero?

En el caso de políticos que aman al dinero, ya se sabe como acaban, archivándose el caso después de años y años de entramados judiciales. El pueblo llano se lamenta cuando las noticias sobre políticos corruptos llenan las páginas de los periódicos. La confianza en la representación democrática se tambalea. No es esto lo que queríamos cuando fuimos a votar. Para no darles más oportunidades mejor quedarse en casa en las próximas elecciones.

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