Pobre Universidad

La universidad española ha caído en todos los vicios de esta sociedad

Cuánto ruido generan ciertos títulos universitarios de algunas universidades. Quién lo diría. A la universidad española se la ha ido desprestigiando poco a poco sin que nadie dijera ni pío. Muchas carreras han acortado incomprensiblemente su duración para obligar a los alumnos después a cursar un máster, que ahí es dónde está el negocio. Los profesores han perdido autoridad e independencia. La libertad de cátedra es sólo un vestigio de otro tiempo no sé si por falta de valentía de los propios catedráticos o por un sistema en el que la docilidad y la indolencia son imprescindibles. La burocracia ha atrofiado cualquier movimiento de tal manera que un simple bedel tiene que hacer una instancia para reponer una bombilla fundida. La universidad ha perdido espontaneidad y los jóvenes infantilizados, como si estuvieran en un instituto, van sumando créditos y formalizando quejas hasta obtener el título ansiado.

A los catedráticos y profesores universitarios les aqueja un mal endémico de falta de fe en sí mismos, en el alumnado y en ese extraño monstruo que llaman sistema universitario. Muchos relatan episodios que atentan al sentido común, cuentan los días que restan para su jubilación y lamentan el espíritu pueril que ha invadido las aulas. Es como si una mancha grasa de conformidad lo hubiera paralizado todo. Para enseñar de verdad hay que ser valiente y gozar de autoridad e independencia. Pero por otra parte es imposible aprender sin curiosidad y espíritu crítico.

Quizás por esto que vengo contando, a veces, cuando entro en la facultad tengo la misma impresión que cuando acudo a una corrida una mala tarde. Es como un gran decorado anacrónico de algo que ya no existe realmente porque ni los toros embisten, ni los toreros torean ni aficionados saben. Todos aplauden por pura conformidad mientras añoran a las grandes figuras que hoy día no podrían darse de ninguna manera. Perdón por la comparación, que habrá animalistas profundamente ofendidos en este momento.

Yo no sé si Casado, Sánchez o tantos otros compraron sus títulos, se los regalaron o los ganaron a pulso. Sé que la universidad española ha caído en todos los vicios y defectos de la sociedad actual, infantilizada, dependiente, falta de espíritu crítico y comida por la burocracia. Eso sí que es grave. Lo demás, incluida la corrupción de algún catedrático avispado es sólo la consecuencia o el síntoma, no el triste diagnóstico.

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