La campaña mínima

fernando / santiago

Planos y Contraplanos

EL primer debate televisivo que se recuerda fue el de John Fitzerald Kennedy y Richard Nixon, ganado por el primero. El presidente asesinado años después en Dallas se presentó como un tipo joven y dinámico frente a un Nixon sin afeitar que sudaba copiosamente. El resultado cayó del lado demócrata. Desde entonces en las democracias desarrolladas es impensable una campaña electoral sin debates entre los dos candidatos con más opciones para formar gobierno. En España, cómo no, se hace según el capricho del que va por delante en los pronósticos. Aznar se negó a debatir hasta que le convino. Arenas no quiso debate con Griñán hace tres años y ahora Susana Díaz no lo quiere con Juan Manuel Moreno Bonilla. Es el ventajismo propio de la clase política española, que no se toma los debates como lo que es, un derecho de los ciudadanos a que se confronten de manera dialéctica las personas y los programas con posibilidades de gobierno. No sé muy bien si dos hombres y una mujer, como los debates previstos en Andalucía, terminen por poner al espectador del lado de la presuntamente más débil, que por si fuera poco alardea de su embarazo en campaña. Si no se andan con cuidado conseguirán que el público simpatice con Susana Díaz.

Recuerdo un debate en el que Valderas tenía un gran lamparón en la corbata y en un descanso Juan Vicente Acuña, que estaba en Canal Sur, le cambió la prenda. Rajoy tiene tics que se le intensifican con el nerviosismo. Eso lo supo ver Miguel Ángel Sacaluga, a la sazón asesor de Zapatero , que insistía en los contraplanos del hoy presidente y entonces candidato para que se notaran los guiños. En cambio Pedro Solbes le ganó un debate a Manuel Pizarro a pesar de tener un parche en el ojo. Y eso que Pizarro anunciaba lo que luego ocurrió con la economía española.

Hace años se organizó en la Asociación de la Prensa de Cádiz un cara a cara entre Luis Pizarro y Antonio Sanz, cabezas de lista del PSOE y el PP y a la sazón máximos responsables de las campañas de sus partidos. Se pactó que el moderador fuera Fernando Pérez Cabrales y se habilitó un plató en el salón de actos de la APC, con la retransmisión por satélite para todas las televisiones que quisieron engancharse. Fue un éxito. Hubo un pequeño momento de estupor porque Luis Pizarro, que iba con chaqueta y corbata, vio llegar a Antonio Sanz con un jersey y pensó que aquello cambiaba el papel de cada uno. Recuerdo también el debate en Canal Cádiz, cuando estaba en Veedor, entre Teófila Martínez y Fermín Moral que terminó con la hoy alcaldesa llorando y ganándose a la audiencia. El equipamiento de aquel plató fue sustraído por sus propios gestores, lo que llevó al Libi a cantar que en lugar de un robo había sido una mudanza. Pero esa es otra historia.

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