El balcón

Piratas del Caribe

En un momento de nueva guerra fría, Estados Unidos, Rusia y China miran a Venezuela con la misma avidez

Cataluña fue un asunto interno andaluz en las elecciones del 2 de diciembre y Venezuela es ahora una cuestión familiar en la política española. El amplio reconocimiento europeo a Guaidó como presidente encargado de convocar elecciones democráticas tiene un punto débil: Trump. Si la política hace compañeros de cama extraños, la diplomacia los hace perversos. Y todo el mundo piensa que el presidente norteamericano es capaz de mandar el Séptimo de Caballería a Caracas y detener a Maduro, como hizo Bush padre en 1989 con el coronel Noriega en Panamá. A los europeos les incomodaba alinearse con el imprudente inquilino de la Casa Blanca, pero al final lo han hecho.

La demografía ha pesado mucho en las decisiones que se han tomado esta semana: hay 600.000 venezolanos censados en Colombia y 300.000 en Estados Unidos. A la localidad de Doral, en el área de metropolitana de Miami, la llaman doralzuela por el enorme contingente de venezolanos que ha desembarcado allí en los últimos años. En España hay oficialmente 200.000; si se contaran los que no están empadronados, probablemente compondrían una comunidad más poblada que La Rioja.

La diplomacia europea ha intentado dar pasos seguros en el campo de minas caribeño: un país en crisis humanitaria, con una inflación de 1.000.000% el año pasado, en claro riesgo de guerra civil y amenazado por una incursión de marines estadounidenses. Así que los reproches de cobardía hacia el presidente Sánchez por la derecha española han resultado exagerados, sobre todo después de que diera un ultimátum Maduro imposible de cumplir para el moribundo régimen chavista. La diplomacia nunca es valiente o cobarde, sino eficaz o inútil.

En todo caso, la UE se ha quedado en tierra de nadie y, como de costumbre en política exterior, sin una posición común. Resulta curioso que los partidos poscomunistas españoles apoyen a Maduro con la misma ceguera con la que la derecha se alinea con Trump. Sin matices. Una invitación a la nostalgia, a la época de buenos y malos. Tan vintage como el nuevo oro de Moscú; los rumores sobre aviones rusos que se llevan toneladas de oro del banco central venezolano. En este momento de nueva guerra fría, con Rusia y Estados Unidos amagando con un rearme nuclear, o con americanos y chinos embarcados en una guerra comercial, esos tres grandes contendientes miran a Venezuela con avidez interesada. Con la misma codicia de los piratas del Caribe.

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