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No Pictures Please

Un síntoma de nuestro tiempo es el abuso de las fotografías que se hacen nuestros políticos

He protestado muchísimas veces del imperio de la imagen en la sociedad actual. Sin embargo, siempre que lo hago resuena en mis oídos la risita de Baudelaire. La misma con que el poeta decía de aquellos que negaban la existencia del infierno: «Es que están interesados», con toda la cursiva de la ironía. Siendo yo tan poco fotogénico (en el mejor de los casos de que sea sólo un problema de fotogenia), ¿no estaría muy interesado en combatir el despotismo de la imagen, eh? Me faltaba credibilidad cada vez que protestaba de que me pidiesen fotos para ilustrar mis artículos o las entrevistas dando mucha más importancia a los retratos que a los textos o a las respuestas.

Con las fotos de Isabel Díaz Ayuso queda mucho mejor ilustrada mi idea, porque ella es fotogénica para dar y tomar. Sin embargo, las fotos que han salido en El Mundo, tan forzadas en su pose, son un desastre. Porque en su extremo dramatismo tienen algo que no es serio en estas circunstancias y porque, como ha explicado el novelista Sánchez Galera, habiéndosele discutido tanto sus lágrimas en el funeral de las víctimas, ella necesitaba recalcar su cuestionada autenticidad.

En cambio, a mí me vienen bien para denunciar con menos sospechas de autodefensa el abuso contemporáneo de la imagen. No es Isabel Díaz Ayuso la primera política que cruza la línea de la mesura para las fotos de las entrevistas. Casi no hay líder, de hecho, que no tenga varias rematadamente ridículas. Tanta obsesión por mostrar el mejor perfil lleva a sobreactuaciones. Hay intereses multipartidistas en hundir la carrera ascendente de Ayuso que jalean las críticas a estas fotos, pero en buena doctrina sólo quien esté libre de posado debería tirar la primera piedra. No creo que haya nadie.

Lo más chocante es que hayan causado más revuelo en la opinión pública unas fotos que la constatación internacional, de que el presidente Sánchez mintió sobre los test realizados. Se sacó de la manga un estudio de la universidad Johns Hopkins que directamente no existe. Sin embargo, esa mentira gorda en un tema vital no causa ni la mitad del escándalo que las fotos de Ayuso. Estamos deslumbrados por los flashes.

Así nos va. Porque no pensamos con pixeles, sino con palabras y porque argumentamos con frases y no con poses de cartel publicitario, mientras estemos haciéndonos fotografías y mirándolas compulsivamente nos van a estar engañando como a monos.

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