LA ESQUINA DEL GORDO

Paco Carrillo / Pacocarrillo. / Wordpress.com

Perdone que insista

ESCRIBÍA Manuel Martín Ferrand en su columna de ABC del pasado lunes, que los dispendios con dinero público que el PSOE regalaba en subvenciones era, según los socialistas, "el chocolate del loro". Uno de los replicones, anónimo como es (mala) costumbre, se preguntaba dónde había que apuntarse para ser loro. Servidor, ante tan elemental inquietud, llena de razón por otra parte, a pesar de saber por dónde se transita hacia esas canonjías, tengo que reconocer que sería más útil, más rentable, una diplomatura en loriloquia, a pesar de que existan alrededor de 340 especies distintas, que, por ejemplo, en ingeniería. Los loros no tendrán la obligación de emigrar a Alemania como estos licenciados si aspiran a tener un trabajo y a comer todos los días. No tener clara la escala de valores trae como consecuencia el desconcierto, que es en el que vivimos en España desde hace mucho tiempo.

Cómo será la magnitud del desconcierto que una cosa tan sencilla, como es ese medio de transporte que partirá a La Isla en dos, todavía no han sabido definirlo como tren o como tranvía, y los loriloquios de turno, para no herir susceptibilidades, lo llaman tran-tren. ¿A que suena a cachondeo?

Pero si fuera ese solo el único desconcierto… Al no estar claro todavía si ese híbrido será una realidad o un circunloquio; al no exigir ni el propio Ayuntamiento ni ninguno de los partidos que lo forman, ni los colectivos sociales que a su sombra viven, una respuesta concreta; ante el encogimiento de hombros que se aprecia sobre si serán acumuladores; si estos serán suficientes, caso de ser tren; si por no saber aún cuál será el engendro, no se sabrá si el voltaje y sus correspondientes postes estarán a la distancia a las fachadas que la norma exige. Por tanto, tampoco se sabe si -caso de no cumplirse- alterarían el voltaje o, ya puestos, derribarían los edificios que fueran necesarios. Cualquier cosa antes de reconsiderar la inutilidad de semejante obra y, sin ánimo de dudar de nadie, cabría preguntarse cuáles son los intereses ocultos para ir sin rumbo en un proyecto que no será, por mucho que insistan, el revulsivo económico que La Isla necesita.

Tan es así que ahora empieza a deslizarse la especie, caso de que los tribunales de justicia dictaminasen en el mismo sentido que el TSJA, que lo hecho en la Real calle sirviera como el tren de Acosafe o el cochecito Lerén, aquel que daba vueltas a los niños en la Plaza de España de Sevilla.

No obstante, lo que pocos pueden entender es que ante todo este desconcierto real -repasen si no las lagunas-, existan ciudadanos que apoyen lo que no tiene ni siquiera proyecto con todos los requisitos que semejante obra exige y que en cambio vean natural los tropecientos permisos que se necesitan para que un ciudadano cualquiera pretenda alicatar y poner sanitarios nuevos en su cuarto de baño; no digamos nada si se trata de transformar un balcón en un cierro.

No se trata, pues, del maremagno que se ha instalado en todas las actuaciones, se trata -además y sobre todo-, en la falta de coherencia de los que, se pongan como se pongan, se olvidan de los que que pagamos todas sus paridas y arbitrariedades, esas que constantemente cometen con la impunidad que los mantiene.

No se extrañe, pues, que siendo tren o tranvía, el itinerario exclusivo sea Ardila-Venta de Vargas y viceversa. ¡Son unos genios! ¡Ah, y perdone que insista!

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