La tribuna

José Joaquín Castellón

Perdón y justicia con Batasuna

EL perdón es uno de los dinamismos más necesarios para el desarrollo personal y social. La persona que no es capaz de perdonar va acumulando basura en un rincón de su vida y, aunque su casa aparezca limpia, todo lo que hace o dice respira un ambiente malsano y rencoroso. A cada paso, en cada instante, el rencor vuelve a clavarse en su carne provocando el mismo daño que el mal objetivo que lo inició. El rencor a quien más daño hace es a quien lo acaricia.

También la sociedad necesita, para crecer en humanidad, institucionalizar el perdón. Una sociedad estructurada desde el "ojo por ojo y diente por diente" no crece en humanidad. Y en muchas ocasiones es causa de terribles errores e injusticias. Las sociedades de los países donde está instaurada la pena de muerte no quieren mirar de frente la irreparable injusticia que conlleva un error judicial, como los ha habido y los habrá. Además, la vida de las personas es tan compleja y tiene tantos recovecos, está tan abierta a cambios y transformaciones, que nunca podemos enjuiciar a una persona en el nivel de lo personal. Nuestra condena lo enquista en el mal, el perdón lo abre a una auténtica transformación.

La intimidad de la persona siempre es un misterio sólo accesible a Dios. Por eso, en el nivel de lo personal, no debemos condenar a nadie. Por respeto a la verdad y, también, por nuestra propia paz de espíritu. De vez en cuando, nos han sorprendido familiares de víctimas del terrorismo perdonando de corazón a los asesinos de sus familiares. Su testimonio, que nos causa sorpresa y admiración, muestra a unas personas que pueden vivir su dolor con paz y serenidad. Los asesinos les quitaron un ser querido, no la humanidad de sus vidas.

Pero este perdón, necesario y sincero, no contradice la exigencia de justicia que provocan en nosotros unos crímenes tan crueles e inhumanos como los que han cometido los integrantes de la banda terrorista ETA; ni la repulsa más absoluta a quienes se han beneficiado políticamente de los mismos. La justicia es, también, absolutamente necesaria para configurar una sociedad plenamente humana. Una sociedad que bajo la excusa de un perdón mal entendido, o desde cálculos cortoplacistas, renuncia a la justicia, no puede ser una sociedad humana. La falta de justicia sólo puede generar resentimiento y odio. El oportunismo político, so capa de ingenuidad que se deja engañar, genera bien impotencia y desesperanza, bien violencia y afán de revancha.

¿Cómo conciliar racionalmente la necesidad del perdón y de la justicia?

Si, como decía, en el ámbito de lo interpersonal el dinamismo que ha de predominar es el del perdón, en el ámbito de lo social el que ha de tener más presencia es el de la justicia. Si olvidamos la compleja, dinámica y multidimensional realidad de la persona erraremos en nuestros juicios y desencaminaremos nuestras decisiones.

Casi novecientas personas asesinadas, decenas de miles mutiladas, centenares de miles conmocionadas en su vida más concreta, y todo un país asaltado constantemente por la irracionalidad y el asesinato no se cubren con unos cuantos folios impresos. El miedo a los atentados de ETA sigue presente en la sociedad española y, especialmente, en la vasca. Hay muchos vascos que no están en su tierra por las amenazas a las que fueron sometidos. Muchos que ya no están para defender sus ideas y votar porque fueron asesinados. ¿Cómo va a ser de justicia que quienes ampararon esa violencia tengan todos los derechos que les fueron conculcados a otros, con su silencio, aprobación y colaboración? No son los papeles, sino la historia de quienes quieren presentarse a las próximas elecciones lo que ha de valorar la justicia.

Ni siquiera una petición de perdón a las víctimas, que no se ha producido; ni siquiera un arrepentimiento de su pasada justificación de la violencia, que no se ha realizado; ni siquiera un reconocimiento de los profundos errores y pecados cometidos son suficientes para colmar la necesidad de justicia. Esos serían pasos necesarios para el perdón social. La justicia necesita que la situación social en el País Vasco y en España cierre las heridas provocadas por la violencia y el asesinato. Esto necesita tiempo.

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