Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Pedro: se acabó

La respuesta al soberanismo no se debe mover un ápice del mensaje del Rey del 3-O, es el único prólogo de la solución

El pecado original de la legislatura de Pedro Sánchez ha sido confiar en los independentistas; creer, como hizo Soraya, que hay una zona blanda, racional, una tercera vía. Pero para normalizar Cataluña, el soberanismo tiene que interiorizar que nunca serán independientes. Nunca. Y cuando respondan mediante la interesada pregunta de hasta dónde está dispuesto llegar el Estado, la respuesta debe ser: hasta el final.

Si Mariano Rajoy erró no fue por negarse a dialogar, sino por confiar; primero, en Oriol Junqueras y en ERC; después, en el Ministerio del Interior. Sánchez ha heredado una interlocución más complicada, casi imposible, porque Carles Puigdemont es un huido de la Justicia, Quim Torra es su tírete ideologizado y Junqueras está en la cárcel.

La respuesta del Estado a los independentistas no debe moverse una línea del mensaje del Rey el 3 de octubre. Sólo la firmeza y el peso del Estado los hará cambiar; aunque parezca contradictorio, es el único prólogo que garantiza una solución. Serán los propios catalanes y su influyente burguesía los que se acomodarán ante esta situación. Son así, negociantes de las realidades cambiantes.

Pedro Sánchez es, como poco, un iluso; y en el peor de los casos, un frívolo que sólo desea llegar como sea al 2020; por eso necesita el Presupuesto. El precio que Sánchez quiere pagar con esto del relator -que es admitir el principio de mediación- es el de la libra de carne fresca del mercader de Venecia, pero no se lo cobrará de su esbelta figura, que la mantiene a salvo, sino del corazón del Partido Socialista. Lo va a dejar desangrado. Los alcaldes y presidentes autonómicos que se presentan a las elecciones el 26 de mayo van a ser enviados al matadero por el único interés por alargar esta legislatura.

Esa no fue su palabra.

Si Sánchez logró justificar el apoyo del PDeCAT, ERC y Bildu a su moción de censura fue porque se trataba de echar a Mariano Rajoy después de la Gürtel, calmar el ambiente político y convocar las elecciones. Esa fue su palabra, y esa es la que está faltando ahora. España no merece que un Gobierno negocie con quienes desean trocearla por el interés particular de un presidente. Y ya no sólo por el PSOE, que es un partido que sigue sin saber cómo superar su gran ciclo histórico, sino por la propia España, porque una parte cada vez más importante del electorado va a encontrar en los ultranacionalistas de Vox el modo de acabar con este error con un error mayor.

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