Pedro y Pablo

Controlar la televisión es lo primero que se hace, por las buenas o incluso en los golpes de estado

Ambos celebraron su santo el pasado viernes y parece que están en el momento regalos. Sucede con Pedro Sánchez que puede dejar el país todavía peor que Zapatero. Ha llegado al poder con una amalgama de apoyos, de lo más variopintos y peligrosos. Dijo que eran apoyos sin nada a cambio, sólo para echar a Rajoy; y que convocaría elecciones lo más pronto posible. Dos mentiras para empezar a hablar. Porque se ha visto que tenía contraprestaciones, con las que España va a pagar un peaje colectivo que ya veremos a lo que asciende. Y está dispuesto a resistir en la Moncloa hasta 2020, para lo que necesita esos apoyos peligrosos.

Se está observando que Pablo Iglesias es como un vicepresidente en la sombra. Aunque la comparación resulte odiosa, Pablo es a Pedro lo mismo que Alfonso era a Felipe. El bueno y el malo. En realidad, Pablo es algo más importante: el cerebro de la operación. Sabe a lo que juega desde el minuto 1 y también sabe que Pedro será una marioneta en sus manos. Pablo es quien visitó en la cárcel a Junqueras y los independentistas como mediador. Pablo siempre ha querido pactar un referéndum de autodeterminación en Cataluña. A partir de ahí la independencia quedaría legitimada.

Y, por si fuera poco, ya se ha sabido que Pedro le ha servido a Pablo la televisión pública española en bandeja de plata. Se criticó al PP por nombrar a directivos afines en los cargos de confianza (igual que el PSOE en sus tiempos). Ahora la diferencia es que TVE pasaría a ser controlada por Podemos. Se supone que los presentadores de los telediarios, en vez de aparecer los viernes vestidos de negro, irán de morado. Puede ser algo semejante al control de TV3. Controlar la tele es lo primero que se hace, por las buenas, o incluso en los golpes de estado.

Por otra parte, están los terroristas presos. No hay que dar tanta importancia a que los acerquen o no. El problema no es que estén en una cárcel más lejos o más cerca de sus familias. El problema es que se convierta en un paso previo para decretar una amnistía o algo parecido, en plan de "vamos a olvidar porque los tiempos han cambiado". Para unas cosas tienen mucha memoria histórica y para otras ninguna.

Para animar el ambiente les ha dado por los muertos. Es el falso progresismo de la provocación oportunista, para presumir de izquierdistas de salón. Es lo que están buscando con la eutanasia (que en Europa sólo está permitida en Bélgica, Holanda y Luxemburgo) y con el difunto del Valle de los Caídos. Esperemos que no imiten a Millán-Astray y que no griten: "¡Viva la muerte!". Porque de ahí no salimos.

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