Pedrista gana, susanista pierde

Hay una tendencia al cambio de chaqueta, o de guayabera en verano. Esta es una ciudad donde todo puede cambiar

Aunque ha ganado Juan Espadas las primarias del PSOE de Andalucía, parece que la contienda era entre Pedro y Susana. Es un conflicto que viene de antiguo, y que en el PSOE gaditano ha provocado diversas vicisitudes en los últimos tiempos. Pedristas de verdad eran esos que ahora llaman romanistas (don Rafael y don José María), los Román que estaban a las duras y a las maduras, que iban a Chiclana cuando la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, acudía a La Barrosa a comer tortilla de patatas (o de papas, como escribe Monforte), y a las reuniones con el líder Pedro Sánchez cuando pasaba un asueto veraniego en el Novo, incluso en los tiempos de su caída en desgracia, por culpa precisamente de Susana. Tiempos en los que Chiqui Jiménez Barrios era la mano derecha o la izquierda, o las dos manos, del susanismo gaditano; con permiso de Irene García, que ya no se sabe si es de los suyos, o de todos, según.

Desde los tiempos de Carlos Díaz, se decía que en Cádiz había dos PSOE, pero ahora hay más: los romanistas, los pizarristas, los susanistas y los que pasaban por ahí. Hay una tendencia al cambio de chaqueta, o de guayabera en verano. Esta es una ciudad donde todo puede cambiar, como se ha visto con Kichi, que se puso corbata y se bajó la mascarilla para hablar con el rey Felipe VI en el muelle de Cádiz en la llegada del buque escuela Juan Sebastián de Elcano. Lo confundió con el rey Melchor o el rey Gaspar, y le pidió que no cierren Airbus de Puerto Real, en contra de lo que se ha tragado el mago Pedro Sánchez.

Yo conozco a Juan Espadas, que es un alcalde de Sevilla incluso más capillita que Kichi, y que se parece a Pedro Sánchez lo mismo que un pimiento a una castaña (o sea, poco), y que en verdad era susanista hasta que se puso de moda no serlo. Es decir, que ha sido como Irene García, para entendernos, pero no es un sanchista del tipo romanista. Espadas tiene un trato amable y afable, por lo que se puede tragar todos los sapos, incluidos los indultos de Junqueras y compañía, y poner buena cara, por poner algo, aunque por dentro le chirríe. Así que en eso puede sintonizar bien con los susanistas si se reciclan, ya que él mismo ha sido un precursor en el cambio de posiciones.

En estos cambios pasa como con los castellanos viejos y los castellanos nuevos, o sea los que tienen pedigrí y los que se van acomodando según los vientos que soplan. Para el socialismo gaditano vienen tiempos convulsos, como casi siempre. Y se han orientado bien: Susana quedó la última en Cádiz capital, detrás de un tal Hierro. Se nota que hay varios cargos en juego.

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