la hora del bocadillo

José Luis Vidal

Pasa la vida…

Un siglo en la existencia de un hombre, Julio, narrado con maestría por Beto Hernández

Según el Diccionario terminológico de la Historieta, escrito por Manuel Barrero y publicado por Tebeosfera, "Elipsis: Acto de suspensión del tiempo narrativo en alguna parte de una historieta."

¿Y a qué viene esta aclaración? Os lo explico. En El día de Julio, su autor, Beto Hernández, realiza una acrobacia narrativa, un auténtico y magistral ejercicio de estilo alrededor de la figura protagonista de esta historia, Julio. Y es que repasar los cien años de vida de éste no es tarea fácil, y menos cuando la propuesta viene enmarcada en sólo cien páginas. Si en muchas propuestas, tanto literarias, como historietísticas, nos encontramos con que el autor/es alarga como un chicle lo que en principio era una buena idea, perdiéndose por el camino y, en la mayoría de las ocasiones, sin saber llegar a su destino y a una conclusión satisfactoria para el lector. El caso de este tebeo es todo lo contrario.

Si hace algunas semanas hablaba de otro de los talentosos miembros del clan Hernández (Jaime, para ser exactos, y sus Locas), en esta ocasión le toca a Beto, que al igual que el resto de sus hermanos y gracias a una generosa madre que leía cómics, se empapó del mundo de las viñetas desde bien pequeño, queriendo hacerlo suyo y dedicarse profesionalmente a ello. Y qué mejor manera que aprovechando la complicidad de sus hermanos Mario y Jaime, crear un fanzine, Love & Rockets, en el que volcaron todo lo que les gustaba, creando sus propios y personales universos. En el caso particular de Beto, iniciaría una larga andadura junto a uno de los grandes personajes del cómic de todos los tiempos, Luba. Crearía en la saga de Palomar una galería de inolvidables personajes, cuyas existencias estaban enmarcadas dentro de los podíamos denominar un entorno de 'realismo mágico', tremendamente influenciado (de hecho, no ha habido mejor homenaje) por la obra de García Márquez Cien años de soledad.

Afortunadamente para nosotros, lectores, esta saga, o 'cómic-río', ha sido recopilado en volúmenes por la editorial La Cúpula, que también nos trae dentro de su sello este El día de Julio, una propuesta que fue recopilada en la cabecera creada por los Hernández, que al poco de nacer fue adoptada e incorporada a la oferta de la editorial independiente Fantagraphics, convirtiéndose en uno de los baluartes creativos y de más éxito de ésta.

Y regresando a la obra que nos atañe, en ella se narra, desde el día de su nacimiento, en el año 1900, el devenir diario de Julio, un hombre sencillo y poco hablador, que rodeado de una galería de personajes (un dramatis personae que nos viene perfectamente descrito al principio del cómic) que van a conocer y sufrir en propias carnes el dolor del amor no correspondido; la tragedia que supone la pérdida, en extrañas circunstancias de un niño; la inclemencia de unas lluvias que no terminan de parar nunca; unos extraños y letales gusanos; el fantasma de los conflictos bélicos y mucho, mucho más…

Y os preguntaréis, ¿todo esto en sólo un centenar de páginas? Pues sí, amigos, de ahí la anotación del principio. El autor maneja a la perfección este recursos literario y narrativo, la elipsis, y vamos a ir dando saltos en el tiempo, que en su implacable paso nos mostrará como los protagonistas, al familia de Julio: Sus padres, hermanos (Sofía y Benjamín), su tío Juan, amigos (Tommy, Araceli) y demás habitantes del lugar que tienen relación con el protagonista, van creciendo, cambiando, envejeciendo, mientras este hombre tranquilo, callado, vive un dilema interno que no os voy a describir y que lo marcará el resto de su existencia, hasta el mismo día de su fallecimiento, cien años en el futuro, justo en el comienzo de un nuevo siglo.

Y son todos estos 'huecos', momentos que no vamos a ver, pero que gracias a la sutileza de la narración de Hernández, podemos adivinar. Una mirada, un silencio, una imagen muda nos darán la pista que necesitamos para seguir avanzando en la lectura de esta maravilla de historia que, a la vez, es una crítica a los conflictos bélicos, un alegato que retrata, sin que en ningún momentos abandonemos el pueblecito en el que se enmarca la acción, el sufrimiento que trae la guerra.

Varias existencias resumidas en la de su protagonista, Julio, que soporta una dura carga, un grito mudo que es incapaz de expresar y que marca uno de los temas importantes narrados en esta historia. ¿Quién no se ha visto rechazado por ser diferente?

Sendos fundidos en negro (el de su llegada al mundo y su partida) acompañan al personaje durante su largo camino existencial. Toda una vida narrada en viñetas.

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