El Palillero

José Joaquín / león

Partidos sin ideologías

EN la segunda quincena de agosto, después de los deslucidos actos en homenaje a Blas Infante, se ha debatido sobre la extinción del PA. Era una muerte tan anunciada y evidente que no sorprende a nadie. Pero es sólo parte de un fenómeno que va más allá. El andalucismo representaba unas ideas (o un ideal), que ya carecen de sentido en esta sociedad, donde las ideologías y los ideales sobran, porque la mayoría de la gente no tiene ninguna idea, ni ganas de tenerla. Y así se vota a unos o a otros, en función de los intereses coyunturales, de la indignación del momento, del castigo, de la demagogia de sus líderes, o como un mal menor. Los sondeos alertan de que cada vez hay más indecisos, y es porque cada vez hay menos ideología.

En este contexto sobran los partidos clásicos. No es sólo la muerte del PA, por culpa de aquellas luchas fratricidas de Rojas-Marcos y Pacheco. Es la agonía de todos los partidos, unos antes y otros después. El PCE también está virtualmente desaparecido. La ideología comunista se diluyó y se apagó en IU. Y ahora los dirigentes de Izquierda Unida (que parece un partido, en vez de una coalición) dicen que deberían buscar otras fórmulas, que es lo mismo que ya hicieron. En cuanto al PSOE, que fue socialista y socialdemócrata, ahora nos habla Susana Díaz de buscar "la centralidad", que suena a la UCD. La centralidad la buscó el PP, en tiempos de Aznar, cuando refundaron AP con la integración de lo que quedaba de UCD. Pasó a ser un partido centrista, democristiano y liberal. Ahora pone énfasis en lo popular y alerta contra el populismo.

Los nuevos partidos se basan en la ambigüedad. Se delatan por sus nombres. Ciudadanos somos todos, no sólo Albert Rivera. Podemos podrá todo el que pueda, no sólo Pablo Iglesias. Y cosas así. En las elecciones municipales, algunas formaciones ni siquiera se presentaban con sus siglas propias, sino enmarañadas en una ceremonia de la confusión, de la que salen mareas, movimientos y cosas raras, predestinadas al caos, pues sólo se organizan como fuerzas de choque, pero sin ideas ni proyectos.

Es lógico que alcancen éxito electoral. Hemos pasado de los partidos a los movimientos. Y eso tiene arraigo en este país, porque es lo mismo que hizo Franco. Diluyó en un Movimiento a los falangistas y los requetés que le apoyaron; y prohibió los partidos, que eran malos para España, o algo así que decía. Ahora se crean otros movimientos, con la diferencia de que ya no está de moda el bigotito, sino la coleta. Es lo que pasa cuando se pierden las ideas y los ideales.

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