Crónicas del retornado

Guillermo / Alonso / Del Real

Panamá-Chiclana

N adie se acordaba de Panamá hasta hace unos días. Bastante tenía la prensa con asuntos enormemente graves. En el plano internacional, la vergonzosa y miserable actitud de Europa hacia los refugiados sirios, que parece haber contado con la anuencia del Gobierno en funciones de España, sin ir más lejos. En lo nacional, la penosa situación de los desacuerdos (de acuerdos útiles, nada) y la corrupción rampante, que señala especialmente al partido que ostenta la citada provisionalidad. Mucha tela que cortar, desde luego.

Panamá. De repente, Panamá salta a los titulares de la prensa internacional a cuenta del latrocinio general perpetrado por lo más VIP de lo VIP contra los intereses de todos nosotros; eso, que quede claro. Porque todo esto de la corrupción y la evasión de capitales, por si no nos habíamos dado cuenta, carga sobre las flacas espaldas del pueblo. Por cierto, y saliéndome por la tangente una vez más, eso de "pueblo" se ha vuelto tabú y, en consecuencia, es sustituido por eufemismos, como "ciudadanía" y similares.

Yo estuve en Panamá en el 89, coincidiendo con la invasión de aquella República por el ejército de Estados Unidos. Fui allí por razones de trabajo y me encontré con semejante carambola. No es cosa de entrar en detalles sobre la historia del Presidente Noriega, sus desavenencias con los norteamericanos, los precedentes durante el gobierno de Omar Torrijos, la omnipresencia de los intereses económicos, políticos y militares norteamericanos…

Me pareció fascinante la coyuntura del país por varios capítulos, duramente fascinante. La situación en las calles era aparentemente "normal". Por ejemplo, las tiendas estaban abiertas, lo que es patente en una vitrina de mi casa, donde luce un pequeño autobús de colorines, en el que los amables artesanos escribieron: "Budia - Panamá" (yo tenía una casita en el pueblecito de Budia). El famoso almacén "El machetazo" estaba lleno de gente y las numerosas tiendas de sospechoso bajo precio operaban a sus anchas para centroamericanos de toda procedencia. Sin embargo, por todas partes podías topar con unos tipos gigantescos armados hasta los dientes, miembros sin duda de las tropas "liberadoras" de la "Operation Just Cause". Pues sería justa o no, la causa, pero había producido unos tres mil muertos entre militares y civiles. Entre otras, la "fortuita" de un fotógrafo español, Juantxu Rodríguez.

Ya que estaba allí, y por aquellas fechas yo solía escribir para el difunto (o resucitado) Diario 16, pensé que sería cosa de darse una vuelta para averiguar algo más. Lo hice bajo la tutela de un taxista que, la verdad, tenía un buen par; porque se detuvo frente un edificio de la bahía, se bajó del coche y me señaló sin cortarse un pelo el agujero causado por el misil que había liquidado de una tacada la radio local. No parecían preocuparle los tiparracos armados. Luego me condujo al cuartel del ejército hecho migas por los americanos, con impactos de proyectiles de todo calibre por doquier. Finalmente fuimos a lo que había sido el barrio popular "El Chorrillo". Ahora sólo quedaba una enorme explanada, ya que, por lo que me contó, los libertadores, tras reducirlo a escombros a bombazos, habían hecho desaparecer las huellas a base de excavadoras. Y me contó la macabra historia de la profanación del sepulcro de Torrijos.

De vuelta al hotel, eché un vistazo por la ventana a la bahía. Bancos, muchos bancos, todo eran bancos y, por cierto, no faltaba ni uno solo de los españoles más conocidos. Mis amigos locales me explicaron con absoluta tranquilidad a qué se dedicaban todas aquellas eficaces y honorables entidades financieras. Puede que me mintieran, pero yo creo que no, porque se trataba de sujetos bastante veraces. Afirmaban que todo aquel aparato económico vivía sustancialmente del blanqueo y similares.

Ahora parece que el macro - chanchullo nos pilla de nuevas, porque un aguerrido equipo internacional de periodistas ha tirado de la manta y ha puesto al aire toda una ristra de honorables culos, incluso algún trasero de sangre real. Los gobiernos y las más altas instancias políticas y económicas no sabían nada, porque en estos tiempos se cultiva con esmero el arte de la ignorancia, rayana en la más absoluta estupidez. Aquí nadie se entera de nada, hasta que le pillan orinando.

Y ustedes, mis queridos lectores chiclaneros, me preguntarán de qué nos va ni nos viene a nosotros todo este pastel. Miren a su alrededor. Los recortes, los enormes desniveles en la renta, la desigualdad fiscal… Todas esas plagas bíblicas que mantienen a nuestras familias en los límites económicos más estrechos no salen de la nada. Si no hubiera habido un saqueo sistemático por parte de todos estos y otros sinvergüenzas, otro gallo nos cantara.

Nada nos es ajeno en este peligroso marco que han dado en llamar "globalización". Si alguien estornuda en las antípodas, a Chiclana se le contagia el catarro. Vaya que sí.

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