Algunos políticos protagonizan algunas veces espectáculos bochornosos. O al menos ellos deberían sentir bochorno. Lo que sucede es que seguramente piensan que la política y la vergüenza están reñidas. Obsérvese que he utilizado la expresión 'algunos' llevado por mi optimismo innato y por no caer del todo en la desesperanza.

No me refiero a las sesiones estridentes y parvularias del Congreso o a las declaraciones intencionadamente desvariadas de los extremistas y de los que hasta hace poco no lo parecían. La desvergüenza está también en temas más cercanos. Por ejemplo, en el caso del posible-improbable nuevo hospital de Cádiz. Aquel proyecto que presentó la administración autonómica socialista hace 15 años y que al poco tiempo, con el estallido de la burbuja inmobiliaria que habría de sostener el plan, quedó en ese mueble urbanístico tan familiar en Cádiz que es la cajonera.

Desde entonces y con el paso del tiempo, el PSOE no sabía cómo contar a la opinión pública que aquellos planes no eran posibles, y que se habían convertido en bastante poco necesarios teniendo en cuenta que en San Fernando el Hospital de San Carlos había venido a cubrir esas necesidades y que lo haría más aún en el futuro. En privado reconocían que no hacía falta, pero en público no dejaban de reafirmar su "compromiso" con la construcción del centro. El miedo a contar la verdad no pudo impedir que algún responsable de la Junta socialista hiciera ligeras referencias a un "replanteamiento" del asunto. Lo cual era aprovechado por la oposición, entonces el PP, para arremeter contra esa 'traición' a Cádiz.

Las tornas han cambiado, y ahora ha bastado que el gerente actual del SAS nombrado por el PP haya dicho, al amparo de la lógica, que se está "replanteando" la necesidad del nuevo hospital, para que los que protesten sean los dirigentes socialistas; que, por cierto, no hicieron avanzar el distópico hospital ni un centímetro. Y ya saben lo que ha pasado ¿no? ¡Sí! Que la jefa provincial del Gobierno popular andaluz ¡ha respondido reafirmando su "compromiso" con la construcción del centro!

El miedo de los gobernantes a decir verdades que pongan en peligro su poder o su imagen es sólo comparable a la desvergüenza de sus opositores en disparar con pólvora del rey a la mínima, y a la incapacidad de darse la razón unos a otros. La razón es que el gasto del nuevo hospital sería un despilfarro, pero unos y otros insisten en mantener un falso 'compromiso' que es ya más bien un noviazgo largo y desganado, y ya sabemos como suelen acabar.

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