Pablo Iglesias tiene razón

No sabemos en qué acabará el pulso pro-ministerial entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pablo Iglesias quiere un ministerio, como mínimo, a cambio de apoyar a Pedro Sánchez y Pedro Sánchez no quiere dárselo ni loco. El primero se hace fuerte en que sus votos son necesarios para la investidura del segundo. El segundo se hace fuerte en la decadencia política, electoral y orgánica del primero. El primero, esto es, Iglesias, necesita el ministerio para revertir, precisamente, esa decadencia.

Y lo haría. Desde el organigrama de un ministerio se puede rehacer la directiva del partido y consolidar las lealtades evanescentes. También da un acceso directo a la sociedad y, en especial, a los sectores sociales directamente relacionados con las funciones del ministerio, más allá de los círculos concéntricos (algo viciosos) de los círculos partidistas. La Cámara de las Cortes es una cámara estanca, aunque de resonancia, mientras que los ministerios funcionan como silenciosos, pero constantes vasos comunicantes con la sociedad.

Puede quedar feo su deseo de un sillón, pero sólo porque entre todos, e Iglesias el primero, hemos desprestigiado la política, el servicio público y la administración. En realidad, la política va del acceso al poder, como sabe bien Pablo Iglesias, si no por El Príncipe de Maquiavelo, sí por Juego de tronos.

El problema de Iglesias es que, con frecuencia, tener la razón es, precisamente, la razón para no conseguir lo que se pide. Lo malo para Iglesias es lo bien que sabe Sánchez la razón que tiene. Nada interesa más al PSOE que reducir al máximo a Podemos y, por tanto, cuanto más necesario sea algo para su supervivencia, menos dispuesto estará a dárselo.

La cuestión es quién aguantará el órdago y, en el caso de que ambos lo aguanten, con qué consecuencias. Sánchez cuenta con halagüeñas perspectivas en una hipotética nueva convocatoria e Iglesias descuenta el desprestigio que significaría para el presidente en funciones convocar las cuartas elecciones generales en cuatro años.

Sería bueno que de esta saliésemos (con elecciones o con pactos) al menos evitando de aquí en adelante tanta hipócrita demonización de los cargos públicos, simbolizados en esos «sillones» a los que todos mientan con tal cara de asco. Si vamos a un escenario político muy fragmentario, hemos de acostumbrarnos a gobiernos de coalición con reparto de responsabilidades. Quizá Iglesias sólo consiga normalizar ese debate. Para él será poquísimo, pero para nosotros bastante.

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