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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Ordesa

Los Reyes solamente son los padres cuando ya no los tenemos entre nosotros

Losúnicos padres que son los Reyes son los llamados de pleno derecho los padres de la Patria, los siete ponentes de la Constitución que elaboraron la Carta Magna que avala la Monarquía parlamentaria en la que convivimos. El día que la Constitución cumplía cuarenta años se murió el padre de Fran, un compañero del periódico. Hay gente de la que sólo sabes cosas cuando se mueren. Era más joven que yo y me hubiera gustado preguntárselo a él y no a Fran, su hijo, para que me dijera que había nacido en un pueblo de Huelva llamado Calañas y unió su vida a una gallega de Viveiro. Cuando me dio la noticia, a modo de vano consuelo le dije que todavía estaba impactado por una novela y una película que tienen en común el homenaje que sus autores le hacen a sus padres. La novela se titula Ordesa y la película Cold War, igualmente emotivas, desoladoras, fantásticas de un aragonés y de un polaco. Dicen que han sido la novela y la película del año.

Ordesa acabé de leerla el último día del año. Mi padre habría cumplido 93 años, murió con 80. Instintivamente, busqué su mano, recordé su voz, imaginé su juventud antes de que su vida se uniera a la de mi madre. La madre de Ordesa muere el 24 de mayo de 2014. Ese día, que yo debería asociar con la décima Copa de Europa del Real Madrid, le dio a mi madre un ictus que empezó a apagarla. "Fueron ellos mi paraíso, mi padre y mi madre", escribe Vilas después de una de las frases más hermosas que uno ha leído: "El mes de junio aparecía por Barbastro como un dios que iluminaba la vida de la gente". Igual que en mi pueblo.

Amor, guerra y tristeza, las manos de un pianista y el baile de una campesina. Son los ingredientes de la película de Pawel Pawlikowski, que recuerda a sus padres polacos, de un país atrapado entre dos totalitarismos. Los Reyes sólo son los padres cuando no los tenemos entre nosotros. Se convierten en puntas de la estrella que guía a los que vienen de Oriente. Las estrellas son los ojos de los muertos, escribía Albert Cohen en Bella del Señor.

Vano consuelo para el bueno de Fran, que habrá pasado las Navidades más tristes de su vida. Al final de la Cabalgata, con los niños ya dormidos, cogí el guante del artículo de Eduardo Jordá y leí el bellísimo poema La adoración de los Magos de Cernuda. "Todo lo cansa el tiempo, hasta la dicha".

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