Alborotado como está el mundo de la comunicación, las opiniones, las redes sociales, donde todo se cuestiona y el simple respeto por las ideas contrarias está en peligro de extinción, a esta sociedad resentida y amiga de lo políticamente muy correcto sólo le falta que se intente corregir la opinión de las personas incluso años después de ser expresada. Ahí está la nueva consejera andaluza que ha tenido que salir a toda prisa de su recién estrenado despacho para retractarse de un artículo que escribió hace seis años sobre la Semana Santa. Los resortes de la hemeroteca saltaron de manera automática para exigir una disculpa por pensar distinto, una disculpa por saltarse el orden establecido y cruzar la sinuosa línea roja que cada uno ve de un color. Allá que pidieron que se llamara al orden a la consejera aquellos a los que el juego parlamentario ha dado la llave de los acuerdos. Esto no ha hecho más que empezar.

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