La AZOTEA de

José Antonio / López / Jalopez@ Diariodecadiz.com

Observador

POR fin sé qué quiero ser de mayor: observador. Pero no observador internacional, no, un observador local, cercano, de la realidad que me rodea, de lo inmediato, de lo que me afecta y de lo que parece que no me afecta. Un observador, quizás, a lo Heráclito, sentado en la ribera de un río para no perder puntada de lo que acontece, de quien pasa, de cada movimiento, de cómo fluye el agua. Ver el río, observarlo, pero no meterse en él, que puede haber lodo y enfangarse no debe estar nunca en los planes de un buen observador. Porque parece que en el río nunca pasa nada, que todo sigue igual, pero no, el río de hoy no es el mismo que el de ayer y no se parece al de mañana: todo se mueve, todo fluye, nada permanece. Y aunque los cambios ensucien el río, el observador debe seguir impasible, como si no fuera con él. A lo más, puede lamentar que las cosas transcurran mal, pero nunca tratar de cambiar el cauce y sus consecuencias por nefastas que sean.

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