Obreros en el puente

Viendo a los obreros en el puente Carranza se entiende que Cádiz no podía ser la eterna rehén de los conflictos

Este título, Obreros en el puente, podría ser un pie de foto de la sección Hace 25 años, o incluso de más tiempo. ¿Se acuerdan de los jaleos en el puente Carranza? Los obreros de Astilleros Españoles, Izar (o como se llamara entonces) lo cortaban un día sí y otro también. Aquellas estampas duras de la conflictividad laboral de la Bahía (pelotas de goma, barricadas con humo, piedras arrojadas por enmascarados) ya nos parecen cosas de un pasado lejano, cuando Cádiz entró en los lunes al sol, con todas sus consecuencias. Pero las manifestaciones han vuelto, si bien más civilizadas y en otras circunstancias. Es curioso que la protesta de la industria auxiliar, para pedir más carga de trabajo, esta vez haya encontrado discrepancias incluso entre los trabajadores.

Algunos dicen que ha sido una protesta oportunista, en las vísperas de la comparecencia de la presidenta de Navantia, Susana Sarriá, en el Congreso. Un momento de sensibilidad, con la negociación del plan estratégico, el convenio laboral, y con el recuerdo de las corbetas de Arabia Saudí. Un momento en el que Navantia ha vuelto a ser noticia, y no por la alta tecnología y los robots, sino por el robo de puestos de trabajo que algunos están temiendo.

Parecía que los cortes de tráfico en el puente Carranza eran el pasado, la historia de la Bahía. Ese puente se quedó muchos años al rebufo de los conflictos de Astilleros. Era el tiempo de los atascos, y no sólo por los cortes de los trabajadores, sino porque era incapaz de absorber todo el tráfico de entrada y salida de Cádiz.

Ahora el puente Carranza ha perdido gran parte de su valor estratégico. Con la inauguración del Nuevo Puente, Cádiz ganó una infraestructura de primer nivel. Un porcentaje del aumento de turistas en la ciudad histórica se lo debemos endosar directamente al puente de La Pepa. Fue una gran obra del ingeniero Javier Manterola, que Cádiz no ha agradecido a su autor. Ni tampoco a su impulsora, Teófila Martínez. Será cuestión de tiempo, probablemente.

Pero viendo otra vez a los obreros en el puente Carranza (aunque ahora el presidente del Gobierno es Pedro Sánchez), se entiende mejor que Cádiz no podía ser la eterna rehén de los conflictos laborales. Es muy deseable que el astillero de Navantia en Puerto Real tenga una carga de trabajo duradera. Para su personal fijo y para la industria auxiliar. Cádiz necesita unos astilleros a pleno rendimiento, y con dos puentes abiertos, para que la cuna de la libertad no se hunda entre la miseria y la resignación.

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