POR LA CALLE DEL SILENCIO

Paloma García

Numerología

APENAS somos números… Números sin importancia. Depende de para qué, somos el número un millón. Números para decir cuántas mujeres mueren a mano de salvajes al cabo del año, cuántos circulamos a la vez por las carreteras en las operaciones salida o los que asistimos a un concierto. Cuantos participamos en una manifestación o cuantos secundamos la huelga general (Huelga rara la de esta semana, por cierto, nunca una huelga ha importado menos a todas las partes implicadas y se ha hecho con menos convencimiento).

La cifra de aumento de parados, la lista de espera para operaciones quirúrgicas, radiografías y asuntos médicos en general; el último de una cola que no acaba nunca, la cantidad de amigos que tienes en redes sociales como Facebook, un tanto por ciento gris y anónimo en cualquier estadística, como la del aumento de pobres en el mundo. Un porcentaje sin nombres, impersonal, pero lleno de historias individuales que a casi nadie importa… Muchos ceros a la izquierda.

A veces, me imagino con un número grandísimo sobre mi cabeza, caminando por una sucia calzada, temiendo entrar en alguna de las listas de los "no privilegiados", porque lo que es seguro es que -en general- tenemos difícil entrar en las "listas buenas": la de los más atractivos o deseados, la de las mayores fortunas del planeta, la de los que no esperan colas, la de las cuentas bancarias con cantidades larguísimas…

Me resigno a pensar que no seré nunca el número uno de nada, aunque, en realidad, el único número uno que me interesa alcanzar es ser la única y anónima acertante de cualquier primitiva… con bote, a poder ser.

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