El Palillero

José Joaquín / león

Nostalgia de Alcances

EN la ciudad de Cádiz, como hay tanta confusión, la buena gente empobrecida se distrae con la Semana Santa, que ahora ha resultado ser un espectáculo para llenar los bares, en vez de estaciones de penitencia a la SIC que originan unos beneficios indirectos. Y, como hay tanta distracción, nadie se está preocupando por la ruina cultural que se ve venir. Ni a nadie le importa que hayan unido la concejalía de Cultura con la de Vivienda, que es como mezclar el atún con el betún. Puede que sea un insulto a la inteligencia, pero ¿a quién le importa la inteligencia?

En la tarde del jueves se presentó el último libro de Luis García Gil sobre Don Siegel y Clint Eastwood. Acudí al acto, celebrado en el Centro del Palillero, y allí estaban algunos escritores gaditanos que todavía publican libros, como José Manuel Benítez Ariza, que fue uno de los que intervino en la presentación; o como Jesús Maeso de la Torre, que siempre acude al lado de sus amigos escritores; o como la historiadora Hilda Martín. También estaba allí Javier Miranda, que coordina la muestra cinematográfica de Alcances contra viento y marea del Atlántico, y ha sabido buscarle un espacio entre los festivales cinematográficos, con su especial dedicación a los documentales.

Luis García Gil, que además de gerente del colegio Argantonio, es escritor y un picaíto del cine, la música, la literatura y otras artes, como hay pocos en Cádiz, ofreció una lección magistral sobre Don Siegel y Clint Eastwood junto a sus contertulios. Al terminar el acto y salir a la plaza del Palillero, sentí una sensación como de orfandad cultural. Esa diferencia entre el menosprecio por la cultura que ahora se percibe, con lo que hubo en otros tiempos, cuando existió el Alcances verdadero, que era el que inventó y defendió Fernando Quiñones.

En aquellos tiempos iniciales, que todavía no eran plenamente democráticos, Quiñones y sus colaboradores crearon un ambiente cultural independiente y con altura de miras, que después no se ha repetido. En los últimos años todo ha girado en torno a los poderes públicos. La Fundación Municipal de Cultura salvaba los muebles. Con el Bicentenario intuímos otros horizontes. Incluso surgieron espacios como el ECCO, donde Lorena Benot ha intentado una labor más apreciada en Madrid que en Cádiz. Pero el interés cultural se ha emborronado.

La nostalgia de Alcances es el recuerdo de que una vez existió Fernando Quiñones. Eran otros tiempos. Entonces nadie mezclaba el cine de Fassbinder o la pintura de Tàpies con la rehabilitación de viviendas.

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