Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Nominaciones

Tener fama de sieso es un parapeto maravilloso porque nadie me nomina para nada, lo que agradezco en el alma

Hará unos 10 años se puso de moda entre los famosetes y aspirantes a serlo tirarse un cubo de agua helada por la cabeza mientras se grababan para subirlo a las redes sociales. Decían que era contra la ELA aunque todavía no sé de qué manera podía beneficiar a los enfermos que alguien saliera en Facebook echándose en lo alto un cubo de agua. Los que pusieron en práctica aquella moda empezaban con "acepto el reto que me lanza…" y terminaban con un "nomino a…" . Se formó una cadena donde los protagonistas se sentían muy bien por la fama que pensaban les reportaba la supuesta solidaridad , quizás los más ingenuos pensaban que estaban colaborando en una buena causa. Ahora hay miles de cadenas como esta aprovechan el aburrimiento que conlleva estar todo el día metidos en casa, sobre todo para los que no les gusta leer o los que practican aquello de "entre col y col, lechuga". Si no estás atento te nominan para cualquier cosa: un libro, un viaje, una película, que te montes una historia con libros de tu biblioteca, que hagas un ejercicio o que cuentes una receta de cocina. Cadenas de nominados para las cosas más inverosímiles. Tener fama de sieso es un parapeto maravilloso porque nadie me nomina para nada, lo que agradezco en el alma. Tan solo José Carlos Cotorruelo me largó el embolao de por qué soy antimadridista y no me pude resistir a contar una pequeña parte del asunto, que no tiene que ver con ningún trauma infantil ni ninguna de esas explicaciones que los freudianos de patinillo buscan para cualquiera que piense de manera diferente a ellos. Ha sido la única excepción que me he permitido en la cadena de nominaciones, no volverá a ocurrir, lo prometo.

Estos momentos y estas nominaciones nos están permitiendo ver las casas de la gente lo que confirma mi idea de que en España a la gente no le gusta leer, debe ser el origen de muchos de nuestros males. La gente prefiere creerse el cuento del vecino o la chuminá campestre que algún descerebrado dice en Facebook o en Tuiter en lugar de leer libros y periódicos. Cada uno es cada uno con su cadaunadas. Los futbolistas enseñan sus enormes casoplones donde se ven muchos aparatos de gimnasia y ningún libro. La gente nos enseña sus cocinas, los músicos sus estudios o los lugares donde componen, llenos de instrumentos musicales. Y los carnavaleros esos salones con el mueble bar lleno de trofeos de todo tipo entregados por peñas de las diferentes esquinas de Andalucía. Pero libros, pocos. Solo algún letraherido alardea de biblioteca.

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