Negros y negreros

La literatura pasa por una burbuja que tarde o temprano explotará en bien de todos

España, en su extraño amor por la literatura, es ese país en el que todo el mundo comenta un libro que no ha leído y que no está escrito por su autor. Los libros que más atención despiertan son los libros que nadie lee. Que lo escriba un negro literario da la posibilidad de desacreditar al firmante y, aquí hay tanta afición a la crítica, que quieren convertirla en disciplina olímpica. De políticos a presentadoras de televisión, de princesas del pueblo a triunfitos, a quien no le escriba un libro un negro no es nadie. Todos tienen una experiencia sin interés que contar o, más bien, una vida que no saben contar porque toda vida tiene su chicha y su trascendencia. Son libros que escapan de los suplementos literarios y sus soporíferas reseñas para ocupar las portadas de los periódicos, foto incluida, posando con la obra. Para que luego digan que España es un país inculto que no se ocupa de la literatura.

No sé cómo nos permiten hablar tan incorrectamente y no han pedido ya retirar del diccionario esta acepción del término negro. Por racista e inapropiado, pues siempre hay alguien pendiente de empobrecer el diccionario y de alejarlo de la realidad. Sobre todo, porque, si el que escribe es un negro, a quien le escribe el libro por encargo debe ser un negrero y, eso es más feo aún, máxime si es de izquierdas. La grandeza del idioma es esa, para definir algo feo se usa un término que se vuelve feo también por lo que significa.

Hay una suerte no de limbo sino de vertedero literario al que van los libros de moda, los libros de famosos, los libros que sólo sirvieron para desprestigiar a sus autores sin tan siquiera haberlos escrito. Todos aparecen en apenas unos meses tirados en el suelo en los puestos de los rastrillos, sucios, pero sin abrir. Tan baratos como un pomo oxidado o unas gafas sin patillas. Dan pena como las canciones narcóticas de Las Grecas porque nos hacen mirar atrás.

La literatura está pasando por una burbuja que tarde o temprano explotará en bien de todos. Se puede pasar por este mundo sin escribir un libro, de verdad que se puede. Cuánto más se ha leído más respeto se le tiene a escribir, más difícil resulta, más se desiste de la idea. Cuánto más se vive menos queremos contar y más sentir. Cuando la vida no se detiene, menos queremos pararla, si es vida. Escribir es ese infierno que debería estar reservado a los verdaderos escritores. A los clásicos, suya es la gloria.

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