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Navidad 6x6

Hace tan sólo doce meses estábamos todos dando por seguro que 2020 iba a ser el mejor año de nuestras vidas

Ya se montó el Belén. Todos los años igual y sin embargo tanta pasión diferente hasta llegar a un acuerdo imposible. Porque ella está cansada de que la Nochebuena haya que pasarla en casa de sus suegros, ya que eso le impide estar con sus hermanas las del pueblo a las que ve muy poco. Y él tampoco es que sea muy feliz teniendo que comer todas las Navidades, en justa reciprocidad, con el insoportable de su cuñado que ahora va de experto en pandemias y les dará la comida con sus juicios y valores inspirados en el ideario de Trump. Y luego el duelo de los regalos. Que sí a ti siempre los míos te regalan más que los tuyos a mí. ¡Acaso tu madre no sabe que yo nunca llevo corbata! Y, sobre todo, hay que ver el rostro que le echa el primo de turno que se bebe todo el champagne que llevaste a la cena para acabar diciendo que él prefiere el vino. Pero la cosa nunca acaba ahí, porque quedan Nochevieja y Año Nuevo para seguir disfrutando de la familia. Y como los críos han crecido todo se ha complicado más. La hija quiere estar con su recién estrenado novio cuyos padres son simpatiquísimos; el hijo tiene previsto asistir a una cena con sus mejores amigos en un pueblecito de la sierra; y al más pequeño la cosa no le hace gracia porque ve que esa noche le va a tocar sacar al perro a él.

Y de fin de fiesta las campanadas y sus rituales ancestrales en forma de vestidos que serán ampliamente comentados esa noche y al día siguiente, mientras el abuelo recuerda con nostalgia a Martes y Trece y la abuela a Ramonchu que ¡ese sí que era majo! Pero este año habrá algo más. Porque hace tan sólo doce meses estábamos todos dando por seguro que el 2020 iba a ser el mejor año de nuestras vidas y el desastre posterior debería al menos haber servido para recordarnos lo muy frágiles que somos como individuos y como sociedad. Pero no creo que vayan por ahí las cosas, ni que la trascendencia nos afecte en demasía, porque tenemos frágil memoria salvo que nos afecte, más bien me inclino a pensar que lo realmente reseñable estas próximas Navidades va a ser establecer los criterios para fijar a quien dejamos fuera de las convocatorias a partir del número que cada autonomía establezca como el máximo de asistentes permitido para cenas y comidas. Porque ésto abre un abanico inusitado de nuevas posibilidades para conflictos, discusiones y enredos familiares que sin duda engrandecerán y renovarán el espíritu navideño hasta llevarlo a cotas nunca vistas.

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