EL ALAMBIQUE

Enrique / Alcina

¡Música!

ATENCIÓN al cliente, que se mosquea. Ya es hora de tratar al usuario como persona, ahora que escasean los clientes y piden socorro los contribuyentes. La hora del ser humano y de la cultura. Tiempo para matar el tiempo a tiros de pensamiento, obra y comisión. Ahora que los ayuntamientos van a trincar un dinero para obras, vale cortar la mano a quien se abandone a la tentación de meter mano en la caja de los truenos, sería menester que las obras fuesen de teatro, que los albañiles en paro construyesen partituras del porvenir, que los camareros de ayer sean mañana artistas del funambulismo y que la cultura, por una vez, sirva de bálsamo para el alma financiera que llora con amargura por no haber caído antes en la cuenta. En tiempos de depresión, viva el cachondeo, la novelería, el rocanrol, las bellas artes del teatrero versus las malas artes del usurero. Banquero, afloja la manteca ya. Titiritero, en ti deposita el pobre pecador consumista su confianza, sin iva, ni tae, ni leches. Ya han levantado el castigo a la música en directo y El Puerto, tragicómico y sincopado, despierta a la noche, vuelven a vibrar los garitos, se juntan de nuevo los chavales alrededor de guitarras y pianos, sale el público de sus madrigueras para sentir la vida y huir de los telediarios tremendistas y la mediocridad general. Algo tiene El Puerto que sus prebostes no advierten. Tierra, mar y vino. Esta tierra, de siempre, sonó de maravilla. La Base trajo ritmos traviesos antes que a ninguna parte, en la transición se mezclaron sones de Imán o Los Majaras, al tiempo nació la pasión por Ruibal, palabras mayores, y si en los ochenta se vivió un movidón de ciencia ficción, y en los noventa la gente moría por hacer el "indie", se asomó el nuevo siglo haciendo mutis por el foro hasta que el teatro abrió sus brazos a la palabra viva y a numerosos músicos de tronío. Por algo viven aquí, o graban en casa de Paco Loco, músicos como Enrique Bunbury, Nacho Vegas, Quique González o Gary Louris. Frente al vacío existencial, se agradece la labor de los técnicos de Cultura, programadores de conciertos que crean escuela y aligeran la pesada carga de la desidia de esta ciudad. El próximo: John Cale en el Pedro Muñoz Seca. Frente a la crisis, imaginación.

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