Tienen razones, incluso muchas que ni imaginaba. Sólo escuchando podremos saber hasta donde tienen razón. Quizá si comparamos comportamientos masculinos de no hace tanto con los que ahora se condenan por incorrectos podamos hacernos una idea de su sufrimiento, desde el más liviano hasta el más mortal. Tantos años se les negó la voz y la palabra que ahora debemos aceptar un plazo largo de reclamaciones a voz en grito o en discretos susurros; promover la discusión y hasta el correctivo que a veces nos merezcamos; llevarles la contraria cuando nos parezca que debemos hacerlo; llevarnos la contraria a nosotros mismos, los hombres, por pura higiene mental; luchar contra el poderoso tópico infundido durante generaciones y disfrazado por el tiempo de verdad natural; ponerse en su lugar sin renegar del nuestro, y remar por un futuro cada vez más cercano, igualitario.Y siempre, contarnos lo nuestro unos a otras.

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