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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Mujeres

La violencia intrafamiliar y la de origen sexual tienen en las mujeres a sus víctimas y reflejan un fracaso social

España no es un país violento, ni mucho menos. Y Andalucía, dentro de España, es un territorio con unos apreciables niveles de seguridad. En eso, a diferencia de tantas cosas, tenemos plena convergencia con los países más avanzados de Europa y del mundo. Un crimen horripilante como el de Laura Luelmo, que tiene sobrecogido al país entero, habría pasado casi desapercibido en un país como México y no habría llamado mucho la atención en Estados Unidos, por hablar sólo de lo que hemos dado en llamar el primer mundo. Aquí, ha polarizado la atención de una opinión pública que se pregunta cómo estas cosas pueden pasar. Porque el crimen de Laura incide de forma brutal en una realidad social explosiva: existen dos tipos de violencia, la intrafamiliar y la de origen sexual, donde la mujer es la víctima propiciatoria y donde sí hay una sensación justificada de inseguridad. El ritmo de más de una muerta por semana a manos de su pareja, que es donde está la media española desde hace tiempo, a pesar de leyes, observatorios, manifestaciones, algún que otro abuso y demás parafernalia simbólica, es insoportable. Refleja una ineficacia palmaria en la adopción de medidas por parte de gobiernos y comunidades autónomas y deja al descubierto un fallo estructural en nuestro sistema de valores y nuestra educación que ninguna ley va a arreglar con buenismo y dinero de un mes para otro. En una situación similar incide la violencia sexual: las mujeres no se sienten libres para poder caminar tranquilamente por la calle a la hora que les dé la gana o salir a hacer deporte a un parque después de la puesta de sol. Una situación impropia de un país desarrollado.

Además, el crimen de Laura refleja otra tarea pendiente de nuestra realidad social que no se ha abordado con seriedad de cuatro décadas de democracia: la ineficacia de nuestro sistema penitenciario a la hora de abordar situaciones tan complejas como la que se relaciona con el crimen de Laura. No es la primera vez que el tema se suscita: el hecho de que un individuo como el que ayer confesó el asesinato de la joven profesora estuviera en la calle demuestra que la prisión fracasa muchas veces en su propósito de reinsertar a personas que han cometido delitos graves. La sociedad tiene derecho a que esos casos se detecten y se evite en lo posible el riesgo de que los delitos se repitan. El caso de Bernardo Montoya es paradigmático.

Todas estas cuestiones son pertinentes en el debate de una sociedad madura y libre. Sin necesidad de subirse al caballo y blandir el estandarte de la reconquista.

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