Hasta que alguien no encuentre otra fórmula, la única manera digna de recompensar un puesto laboral es una contraprestación económica. Se puede 'pagar' en especie, se pueden ofrecer días libres a cambio de ciertas cosas, pero el sueldo es la matriz fundamental de una relación laboral. "La nómina es sagrada", decía siempre un antiguo compañero miembro del comité de empresa. En los últimos días hemos asistido en España a un debate sobre la conveniencia o no de elevar el llamado salario mínimo. Al final, los agentes sociales y el gobierno han firmado un acuerdo que eleva el suelo de esa paga de mínimos. Pero aún se escuchan opiniones en contra de la subida, a la que achacan ya los males, todos los males, que puedan sufrir en un futuro las empresas españolas. El sueldo debe ser digno, debe permitir a los trabajadores una estabilidad personal y no debe, nunca, fomentar la desigualdad social.

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