OPINIÓN

Willy / Doña

Mensaje del sr. Anatoli Millonevski

ME llamo Anatoli Millonevski. Soy bielorruso y estaba interesado en convertirme en accionista mayoritario del Cádiz Club de Fútbol SAD. Escribo estaba porque se trata de una operación que decidí dar por descartada el domingo por la noche. No soy muy conocido por estos pagos, pero en mi país todo el mundo sabe que El Abramovich de Minsk, apodo que me pusieron años atrás, es un hombre de negocios serio y con un montón de millones -hago honor a mi apellido- en la cuenta corriente.

Aunque la pretendida compra dependía de la permanencia en Segunda División A, categoría desde la que tenía planeado dar el salto muy pronto a Primera para luego alcanzar un puesto en las competiciones europeas a medio plazo, viajé hasta Cádiz el pasado fin de semana para comprobar in situ si eran ciertas las excelencias que me habían venido contando durante los últimos meses acerca de la afición cadista.

La tarde que viví en el estadio Carranza resultará inolvidable para mí. Ser dueño de un club de fútbol te convierte, lógicamente, en el centro de las críticas de los aficionados cuando las cosas no marchan del modo adecuado. Esas críticas llegan a ser descarnadas muchas veces, pero hasta eso es admisible. Lo que resulta intolerable, y no estoy dispuesto a que pase alguna vez conmigo, es que unos energúmenos, escondidos cobardemente en la masa, se caguen en tus muertos o llamen puta a tu madre. Hasta mi traductor se puso rojo como un tomate al decirme qué estaban gritando.

Así que, por la noche, llamé a Antonio Muñoz y le dije bien clarito: "Antonio, ahí te quedas con tós tus... cadistas".

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