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Media maratón 'Pasillo de mi casa'

El éxito fue atronador, 22 segundos después de que la organización convocara la media maratón "Picaporte niquelado" se habían cubierto todas las plazas previstas para participar...una. El premio valía la pena, el juego de té de la Tía Julia, que tenía menos usos que un extintor de una fábrica de hielo y que llevaba fijo en el aparador desde aproximadamente el verano de 1980...el único líquido que conoció fue el agua con mistol que se la daba cada seis meses para que aquello estuviera limpito.

Me había preparado a conciencia y me conocía al dedillo el recorrido. Nada podía fallar. La salida, en ligera pendiente, era desde el portón, desde el "picaporte niquelado" como había sido bautizado el gran premio porque era la pieza que todo el mundo ansiaba tocar en la casa, el picaporte, para salir y volver a disfrutar de eso de andar y de tomar cruzcampos fresquitas.

A los dos metros se cruzaba el primer hito de la jornada, el marco de la puerta del pasillo. Aqui hay que tener cuidado porque la carretera se estrecha un poco por culpa del jarroncito de Tita Pili. Más de una vez he deseado su desaparición porque el jarroncito de Tita Pili ha provocado ya más de un moratón gordo de pie izquierdo.

El pasillo es largo, lo menos 3 metros, donde se puede coger velocidad, hasta llegar al cuarto de baño de los niños. Hay que tener cuidado. El joio de Miguelito cuando se ducha siempre sale mojao porque no quiere perder un minuto de la Nitendo y deja un charco en la puerta. Resbalarme ahí significaría perder unos segundos muy importantes en mi reto de batir el record mundial de medias maratones de pasillo que logre el tercer día de confinamiento con un meritorio 16,10...ni los tanzanos esos que aparecen por la tele corriendo habían conseguido nada igual...y eso que ellos tienen como ventaja que no comen croquetas.

Curva hacia el dormitorio, cerrada, muy cerrada, paso junto a la cama, la mesita de noche y uno de los paisajes que más me gustan, la ventana, desde la que se ve el bar de Joaquín, el objeto más deseado ahora en mi vida. La organización prohibió el paso por la cocina por cuestiones de seguridad, aunque a mi me gustaba eso de correr entre una niebla de puchero.

Siento un leve desfallecimiento en la vuelta 779. Mi niño Miguelito me da gritos de ánimo desde el sofá y me tira por lo alto una botella de Lanjarón de litro y medio, como le hacen a los ciclistas, sólo que mi niño es menos fino y no le quita la botella, el hijo de la gran. Vuelta 1327, cuatro horas de competición. Creo que será nuevo record. Miro mi reloj cuenta pulsaciones...está más exitado que un novio con quince años. Paqui me pone una cinta para cruce la meta...era de un casset de Manolo

Escobar...¡campeón!

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