Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Mascarilla

Cuando morían mil personas al días las mascarillas eran contraproducentes y ahora que fallecen cuatro son necesarias

Este es un país tan extraño que nos hemos acostumbrado a vivir rodeado de paradojas: los que defienden a Franco salen a gritar libertad, los que no han cogido una cacerola en su vida andan todo el día con ella en la mano, los que ponen una bandera en el balcón pero no tienen dada de alta a su empleada de hogar, se reducen los ingresos del Estado pero se aumentan los gastos, se incentiva a la gente para que no trabaje, quienes lo más que han leído en su vida es el prospecto de una medicina son expertos epidemiólogos, empresarios que prefieren tener sus negocios cerrados, se fomenta a los chivatos de balcón o de paseo, se promueve la neurosis colectiva, se montan enfrentamientos sobre auténticas tonterías, se convierte en grave que la playa se abra cinco días antes o cinco días después. Dentro de este mundo de paradojas una de las mayores es que cuando se morían mil personas al día las mascarillas no eran necesarias e incluso contraproducentes y ahora que fallecen cuatro por jornada son obligatorias hasta el extremo que los chivatos de costumbre te increpan por la calle. Hay que aprender a convivir con metáforas, sinécdoques, aliteraciones y paradojas, vivimos en figuras estilísticas. El que nos informa cada día de cómo van las cosas no hace nada decía que esto era una gripe sin importancia. A pesar de estos contrastes somos gente disciplinada y cumplimos lo que dicen las autoridades, salvo unos cuantos pijos de Bahía Blanca o un aristócrata belga. La gente va por la calle con mascarilla, gorra y gafas de sol como si llevaran un burka o fueran parientes de Luis Candelas. Va uno por la calle y devuelve los saludos como si fuera el Emérito. Al menos yo no reconozco a nadie, entre que soy medio cegato y la gente va embozada me limito a devolver el saludo cuando me lo dan. Hola ¿y ese quién es?

Ahora que por fin el Ayuntamiento ha abierto la playa para que se quede tranquila esa multitud que clamaba por ello (aunque ahora no va nadie, claro) se me ocurre si todos los exigentes cumplen las estrictas normas del BOE sobre comportamiento: están cuatro horas, mantienen la distancia de seguridad, no se acercan a nadie. Mi duda es si hace falta mascarilla para estar en la playa. Digo yo que como la gente tome el sol con mascarilla vamos a encontrarnos a final de agosto con un moreno Covid-19 sobre la cara. Con el interés que ponen algunas mujeres o ponían los del famoso Comando Erótico del Hotel Playa. No sé esa gente qué harán ahora. La culpa la tiene el alcalde, dirán.

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