El Alambique

manolo Morillo

Marquesinas

LES falta un pelín para llegar a ser 'miembras' de la alta aristocracia por derecho propio. Sabemos que han intentado por activa y por pasiva cambiar en el Registro de la cosa el apellido tan sonoro que tienen quitándose la preposición in con idea de emparentar con la Marquesa de Parabere para ver -valga el juego de palabras- si podían montar un restaurante de esos modernos en los que se pone muy poquita comida en platos muy grandes, se adornan con hojitas de lechugas enanas y se rematan con arabescos hilillos de salsas variadas al dente; o sea sitios en los que se come muy poco y se paga muy mucho. Pues no ha podido ser. La cosa como estaba y san se acabó.

O no. Pues resulta que una reconocida marca de bebida alcohólica obtenida por la destilación de la malta fermentada de cereales, trigo, centeno y maíz denominada originariamente "agua de vida", ha querido alegrar tanto a las marquesinas de las paradas de los autobuses urbanos como a las vistas ocasionales de los viandantes porteños y foráneos con un nuevo reclamo publicitario en el que convierten a las susodichas marquesas venidas a menos en frondosos refugios para el descanso, dando lugar a la confusión entre las personas mayores, los niños y los pájaros y pajarracos en general. Estos últimos puede hasta que aniden, cosa por otra parte nada extraña en El Puerto.

Ítem más: han colocado un banco a la antigua usanza de esos en los que se sienta uno y puede hasta descansar la espalda, que mucho me temo vamos a tener alguna trifulca que otra entre los usuarios por falta de espacio en el mismo. Ya me estoy imaginando pidiendo la vez dos veces. Una para saber quién es el último de la cola para subir al autobús -generalmente suele ser el que pregunta-, y otra, para intentar sentarse en el magnífico banquito de ese color 'maldito pa los artistas' que nos han colao de rondón.

Y digo yo que si la campaña publicitaria es tan sólo para el estío ¿qué puñetas vamos hacer el resto del año el común de los porteños? Sabemos que las bicicletas no sólo son para el verano. Confiemos pues en que las frondosas marquesinas duren al menos hasta el veranillo de los membrillos y nos alivien la espera con una buena compota de los ídem.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios