El soberao

Modesto / Barragán

El Maño, hijo adoptivo

EL Maño ha salvado, él solito, miles de vidas. Ha reconducido con éxito la historia vital de tantas familias de nuestra provincia que merecería un monumento. Como yo, muchos de ustedes lo habrán comprobado en primera persona y sobran argumentos para explicar que este gran hombre ha dado tanta felicidad a nuestras existencias que todas juntas no cabrían en 5 macropuentes. No exagero porque nada hay más valioso que tanta vida junta.

Lo mamó por aquellos pueblos del Aragón, como se aprenden bien las cosas, de la mano de su abuelo. Acompañaba al viejo doctor a ver a sus enfermos para preguntarle inmediatamente después con la curiosidad infantil que ya traía en su ADN: "¿lo has curado, abuelo?". Fue ahí donde El Maño se comprometió de lleno con Hipócrates y comprendió la diferencia entre profesión y vocación, llenando su vida de esa jovialidad tan maña que su ascendiente le había contagiado.

Seis décadas después El Maño, José María Jiménez para la historia de nuestra medicina, es uno de los cirujanos más admirados de Andalucía. Echó a andar nuestro servicio de cirugía cardíaca en aquella provincia en la que los enfermos de corazón se nos morían en la carretera camino de Córdoba o de Sevilla y sigue a pie de quirófano interviniendo con la serena pericia que quieren para sí los cirujanos y que coinciden en valorar todos los cardiólogos y residentes que han pasado por su equipo. Visita a sus enfermos todos los días del año y para ello vive junto al hospital. Y sin embargo, como todos los grandes, no acostumbra a llamar la atención. En estos días ha salido en algún periódico o televisión que se ha ocupado fugazmente de su merecida jubilación. No lo han sacado en las revistas de papel cuché, ni en las tertulias televisivas que tanta audiencia concitan. Nadie le pide autógrafos por las calles. El sólo arreglaba los corazones, la conciencia debe ser más compleja, pero para la parte de la sociedad que valora la excelencia, la dedicación, la entrega, el esfuerzo y sobre todo la humanidad, este hombre sí que es un héroe con mayúsculas. Lo es ya, pero también debe ser reconocido, con méritos sobrados, como uno de nuestros grandes hijos predilectos.

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