Odio el verano, igualito que Tamara, la niña gótica del cuarteto de Gago. Suelo pasar otoño, invierno y primavera sin sufrir un leve catarro. Nada más llegar el estío, ¡zas! Se adueñan de mí el dolor de garganta, la tos y los estornudos. Total, que me llevo hecho polvo varias semanas. La culpa del anual deterioro de mi salud no es un secreto. Viajo en el coche de mi esposa y parece que estoy en el pasillo de yogures de un hipermercado. Y si me encuentro currando pienso que mis compañeros son esquimales. ¡Qué digo esquimales, auténticos pingüinos! Maldito sea Willis Haviland Carrier (para quien no lo sepa, inventor del aire acondicionado). Además de tratarse de un aparato insano, me cuentan que perjudica el medio ambiente. Supongo que les importa un pimiento que yo tenga encima un trancazo de campeonato, pero quizá les impacte conocer que están agravando el calentamiento global. ¿Les preocupa esto o son como Trump?

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