Crónicas del retornado

Guillermo / Alonso / Del Real

Maestros

Como se fue el maestro,la luz de esta mañan me dijo: van tres días que mi hermano Francisco no trabaja. Antonio Machado, 'A don Francisco Giner de los Ríos'

La palabra 'maestro' no es una palabra cualquiera. Machado se la aplica a Giner de los Ríos, el creador de la Institución Libre de Enseñanza, de la Junta de Ampliación de Estudios y de la Residencia de Estudiantes. Y le hace hermano de "la luz de la mañana", nada menos. Un maestro, en efecto, tiene algo de luminoso, y no cualquiera puede adjudicarse ese nombre.

Es una suerte haber tenido un buen maestro en la niñez y el mío se llamaba Don Santiago Corral, un señor muy serio y trajeado, un magnífico maestro y muy respetuoso con sus pequeños discípulos, a los que quería mucho, sin duda. Creo que nunca le oí levantar la voz, ni, mucho menos, levantar la mano a un niño, porque maldita la falta que le hacía, porque nosotros también le queríamos y respetábamos. Y eso que en aquellos tiempos lo de la letra y la sangre se practicaba con absoluta tranquilidad. Don Santiago, no era así, don Santiago era un maestro de escuela de pies a cabeza: un maestro.

Luego, en el Instituto (El famoso Ramiro, el del Estudiantes) volvió a tocarme la fortuna. Por cierto, que en esos tiempos que digo se comenzaba el bachillerato a los diez años de edad. Como digo, tuve la suerte de dar con el Señor Carballo, profesor de Lengua y Literatura. El señor Carballo ignoraba olímpicamente los temarios oficiales y, en lugar de eso, nos contaba, por ejemplo, La Iliada, y lo hacía estupendamente. Luego los alumnos estábamos autorizados a escribir sobre el asunto con total libertad y de ahí salían historias imaginativas y con frecuencia hilarantes. Éramos chiquillos de diez años disfrutando de Homero como auténticos enanitos. Muy buenos maestros, maestros auténticos.

Resulta chocante que la expresión haya sido rechazada por alguna gente y prefiera llamarse "profesor", que no está mal, pero, a base de aplicarse tanto, ha sufrido mucho desgaste. Y ya no digo nada cuando a algunos les dio por hablar de "enseñantes"… ¡La Biblia!

Yo he conocido a muchos auténticos maestros, bajo especie de profesores, de catedráticos o de lo que sea. A dos de ellos quiero evocar en estas pocas palabras, y a otros como ellos.

Concha Vilches y Jesús Felipe Martínez nos han abandonado hace poco tiempo, dejando tras de ellos una estela tan luminosa, como aquella del maestro Giner. He dedicado muchos días a combatir la pena y a sustituirla por los recuerdos preciosos de esos dos compañeros.

Concha enseñaba la música viviéndola, empeñando en ella vida y alma y, en consecuencia, consiguiendo trasmitir a los alumnos la pasión por la música, esa materia que, por lo visto, las actuales autoridades educativas (¿?) están considerando que no sirve para nada. Las clases de Concha armaban muchísimo ruido, porque allí se cantaba, se bailaba, se reía… Yo tenía mi clase al lado del aula de música y el follón no me molestaba en absoluto, porque en mi clase también solía haber algo de estrépito. Luego se fue a Lisboa y allá que fuimos con nuestro "Teatro de la Bola" a liarla en el Instituto Español, porque montamos espectáculo a lo grande con el coro de la profesora Vilches. ¡Qué espíritu libre, qué artista tan enorme!

Y Jesús Felipe, mi colega, mi hermano, fue y es en mi memoria otro de los grandes, un maestro como la copa de un pino. Ya sé que mis lectores de Diario de Cádiz no le conocieron personalmente, pero procuraré que puedan imaginarle. Precisamente anduvimos con él de tapas por Chiclana y Sancti Petri y lo pasó en grande.

Jesús también consideraba la Literatura una cosa viva, y no un fiambre sepultado en los libros de texto. Por ejemplo ideó, y yo fui a su zaga, aquellas expediciones de alumnos en grupitos dedicados a seguir los lugares de las leyendas madrileñas: "la abada", "el bonetillo", "el ángel caído"… Escribimos juntos algunos libros de texto, obstinados en evitar el manual como un repertorio de datos inanes, procurando, en cambio, que el libro fuese una herramienta eficaz y dinámica para sumergir a los chicos en el fascinante mundo del lenguaje y la literatura. Jesús Felipe consiguió hacer más lectores que todos los proyectos de animación a la lectura habidos y por haber. Además nos divertíamos mucho y nos tomábamos todas (no algunas) las cervezas de Madrid ideando nuevas diabluras literarias.

Eso de los libros me trae a la memoria otro nombre de profesor - maestro, por suerte vivito y coleando, aunque tan jubilado como el que escribe: Agustín Arquer. Y con el suyo, el de tantos antiguos profesores del viejo Poeta García Gutiérrez: José Antonio Aguilar, "Pepón", José María Ruiz… Perdonan las omisiones, pero es que sería todo un repertorio. Maestros.

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