Luego les pediremos que se integren. Les diremos que deben aprender el castellano, que deben adaptarse a nuestra cultura, que se empapen de la idiosincrasia. Les pediremos que sean buenos vecinos, que trabajen duro, que paguen sus impuestos. Luego habrá alguno que les intente convencer de que adopten nuestras religiones, tendrán que aguantar con estoicismo a alguno de nuestros xenófobos y les pediremos resignación, que aguanten. Les negaremos el asilo, los papeles, el trabajo digno, pero les pediremos que tengan paciencia, que estudien, que se esfuercen. Luego querremos bondad, humildad, sacrificio. Ellos nos piden ayuda, un rescate, no devolverlos a sus guerras o hambrunas, a su éxodo eterno. Nos piden dejarles pisar tierra, ante la ingenuidad de pensar que somos humanos y, por tanto, humanitarios. ¿De verdad estamos esperando que se muera alguno en ese barco para permitirle atracar? Yo pido sentido común, ya.

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