El Alambique

María González Forte

Lucía

BRILLABA anoche la luna de un modo especial. La miraba desde mi mesa y parecía querer avanzarme algo. Yo escribía, como ahora pero volvía a observarla una y otra vez ¿Cuántas personas estarían haciendo lo mismo? Esta vez me adelanté a los deseos que pedimos cada noche y posiblemente porque estaba cansada le dije algo muy bajito, mirándola fijamente, antes de irme a dormir para que nadie me oyera:

-Haz que sea, por favor, bueno el mañana.

No cuenten ustedes por ahí que hablo con la luna que yo, normalmente cuando deseo algo y miro al cielo es una oración lo que me sale. Y miren qué bien, que fue oída y a punto de comenzar septiembre, una gran noticia llenó de alegría a los que nos encontrábamos después del verano empezando el nuevo curso: A mi querida compañera y amiga la acaban de hacer abuela ¡Qué bien! Es estupendo comenzar a trabajar con un nacimiento. Augura un año maravilloso.

Lucía se va a llamar la nueva damita de su casa. Qué ternura provocan los recién nacidos. Cómo se enredan en los que les rodean con lazos invisibles.

Cuántas esperanzas, cuántas ilusiones cada vez que llega una criatura al mundo. Y con el nacimiento se regalan consejos no pedidos sobre cómo amamantarla, cómo bañarla, cuántas horas debe dormir, o a qué hora deberá tomar el sol. Y luego llega el: Mi niña de mayor va a ser… y sueñan los padres el mejor de los futuros repitiendo la costumbre de planificar lo que no se puede planificar en modo alguno.

Hay que ver cómo pierden la memoria los hijos-padres que apenas fueron creciendo, ya empezaron a decidir qué estudiar o a qué iban a dedicar su vida, sin seguir consejo alguno. Pero la historia se repite.

Es el exceso de celo ante los cachorros humanos tan frágiles, tan débiles y a la vez, tan sumamente fuertes.

Y es que se repite también la historia en los abuelos, que al verse perdurar en los pequeños los llegan a querer como a hijos propios. Todos los que conocemos a los abuelos y a los padres de la pequeña nos alegramos muchísimo.

Es el ciclo de la vida, simplemente.

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