cuchillo sin filo

Francisco Correal

El Lucena ficha a un portero

EL Lucena debuta en Liga en su estadio contra el Écija y esta noche, en ese mismo escenario va a presentar a su último fichaje. Un guardameta llamado Julio Iglesias que ya estuvo a prueba en el Real Madrid mucho antes de convertirse en suegro de una tenista rusa y en ex marido de una filipina de porcelana. Los negros presagios de Moody's y otros aguafiestas no han llegado a la capital cordobesa del bricolaje y los armarios empotrados. Esta noche tiran la casa por la ventana con el español más universal, a años-luz de Antonio Banderas.

Me cae muy bien Julio Iglesias. Lo asocio con los dos viajes trasatlánticos que en un barco de la Transmediterránea hice hasta su continente adoptivo. En el primero su presencia fue física, en el segundo más virtual, pero muy literaria, y no porque llevara el libro que Maruja Torres escribió sobre el cantante. En 1988 el J.J. Sister, capitaneado por Matías Enseñat, un marino mallorquín que se sabía de memoria los diálogos de Rebelión a bordo, salimos del puerto de Huelva. Ya en alta mar, Miguel de la Quadra Salcedo, el patrono de aquella llamada Aventura 92, nos anunció que se incorporaría al barco Julio Iglesias. Lo hizo en La Romana a bordo de un yate de su amigo Óscar de la Renta. La presencia en el barco de Julio Iglesias fue un alivio, porque dejaron de poner canciones de Julio Iglesias, que llevábamos escuchando los tres últimos días. Ese viaje coincidió con los Juegos Olímpicos de Seúl, de los que no vimos una sola prueba. Imagino que muchos y sobre todo muchas de aquellos jóvenes conservarán 23 años después fotos del encuentro con el ídolo de sus madres. Cuando bajó por las escaleras del barco al malecón del puerto de Santo Domingo, fue la apoteosis. En la capital dominicana compré una cinta de Juan Luis Guerra, al que nadie conocía todavía en España.

Julio Iglesias cantó en Surfasaurus, la discoteca de Matalascañas. Su mánager me recomendó una novela que era éxito de ventas en Estados Unidos. Se trataba de La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe. La terminé de leer en el barco cuando participé en la segunda expedición, en 1989, ya casado a diferencia del mester de soltería que presidió el primer viaje. Una noche bajé al bar del barco para participarle a mis colegas que había terminado la lectura del libro con el que Wolfe rompía las ataduras con la monserga del nuevo periodismo. Esta vez no vino Julio Iglesias ni oímos sus canciones. Llegamos a la desembocadura del Orinoco, acampamos en la selva venezolana, por esas fechas cayó el muro de Berlín y como muchos años después había un Madrid-Barcelona en lontananza. Julio Iglesias ha fichado por el Lucena, el legendario Lucentino, la patria chica de Rafael Álvarez El Brujo, archivero y coleccionista de pícaros y busconas.

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