Los cristalitos en las tripas no son buenos para negociar y menos desde un exceso de localismo catetil. El patronato del COAC no puede chantajear a la televisión que más hizo por el Carnaval y que paga generosamente los derechos del Concurso, con la cantera de las agrupaciones como escudo. Imponer la retransmisión de los niños en directo, desplazando los informativos, ha sido un disparate sólo comparable a su empeño por alargar cuartos y semifinales con sesiones prescindibles, que en lugar de sumar, restan interés, dada la limitada calidad de algunas agrupaciones. El Concurso se hizo eterno y los autores ya piden a gritos que el Ayuntamiento recupere el control del COAC. No les falta razón: doce coros en cuartos son una exageración, por no hablar de la infumable preselección. Si hasta el jamón de pata negra llega a empachar en cantidades industriales, no digamos el chopped pork.

El patronato no puede equivocarse. Tendría que proteger los derechos de los autores con más visión y pensando a largo plazo. Los usos y costumbres de la audiencia han cambiado. Y harían bien en buscar una fórmula atractiva que evite que el Concurso caiga en el aburrimiento, en lugar de lanzar campañas en las redes contra los que no le ríen la gracia. Varias son las soluciones que los autores han planteado y sólo hace falta sentarse a negociar apelando a la imaginación. Ahora bien, si lo que quieren es espantar a la clientela, pueden alargarlo hasta el verano.

Todo ello se lo tienen que hacer mirar los autores, que son los que se juegan los contratos a lo largo del año, y los que al fin y al cabo votan a sus representantes para luego limitarse a criticar su gestión. Y por supuesto, el Ayuntamiento, que lleva años de perfil sin asumir el liderazgo que le corresponde. El gobierno de turno, con la callada por respuesta, desliza que todo le parece genial, como si el Falla sólo fuera de un grupo de amiguetes. Cuando hay tanto en juego, y hablamos del mayor escaparate con el que cuenta la ciudad para proyectarse al exterior, la gestión del COAC no puede permanecer ajena a tanta contestación. Antes al contrario, lo lógico es que el Ayuntamiento ponga a grandes profesionales al servicio del Concurso.

Pero no sólo el COAC, la fiesta en su conjunto está muy lejos de obtener todo el jugo de su enorme potencial. El Ayuntamiento tendría que articular la creación de una gran industria alrededor del Carnaval, empezando por lo obvio: diseñadores, vestuario, artesanos y todos los complementos necesarios. No pocas agrupaciones de fuera llegan al Falla hasta con el forillo puesto porque, por no existir, en Cádiz no hay ni una triste empresa que reproduzca cedés. Por fortuna, sobra gente con arte y talento que lo mismo cose, que borda, que pinta y que levanta un monumento a la Caleta en mitad del Falla, pero toca profesionalizar el sector con incentivos que generen riqueza. Para empezar, no se explica que Cádiz no cuente con una sola sala en la que las agrupaciones estén presentes todo el año, a gusto del consumidor y de las agencias de viaje, por cierto. Podemos seguir discutiendo de la cantera, pero la mejor manera de cuidarla como merece es ofreciéndole un Concurso que sueñe a lo grande antes que limitarnos a mirarnos el ombligo.

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