Tengo la sensación de ir contracorriente en un mundo en el que la tecnología o, mejor dicho, el mal uso de la misma me supera. Recuerdo tiempos no muy lejanos en el que las diferencias entre dos personas se dirimían cara a cara o con una llamada de teléfono. Una persona le pedía explicaciones a otra. Que luego acabara la conversación en un acuerdo amistoso o en una 'tragantá' era otra cuestión. Pero las cosas se intentaban arreglar dándole a la otra persona la oportunidad de explicarse. Ahora, en ese mundo asquerosamente exhibicionista que son las redes sociales, muchas personas ponen a parir a quien, a su juicio, sumarísimo y sin tener en cuenta la presunción de inocencia, le ha ofendido por algo. El supuesto autor de la ofensa queda entonces expuesto al linchamiento público de ¿amistades? de los ofendidos, quienes, por otra parte, no se dignan en comprobar la veracidad de lo ocurrido. Redes 'suciales'.

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