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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Licor 43

Deberían ser los de Vizcaíno Casas los que denunciaran por plagio esta 'resurrección' de Franco

Más que los nietos de Franco, quienes le tenían que plantar cara al Gobierno serían los nietos de Fernando Vizcaíno Casas y denunciar al Ejecutivo por apropiarse sin abonar derechos de imagen del argumento de Y al tercer año resucitó, la novela en la que su abuelo fabulaba con la resurrección del Caudillo. Es lo que han conseguido con el pleito exhumador y el viaje al Vaticano de la vicepresidenta, resucitar una momia y convertirla en bandera. El día de los Difuntos se cumplieron quince años de la muerte de Vizcaíno Casas. Lo conocí. Era un tipo entrañable, franquista confeso, pareja de ajedrez de su amigo comunista Antonio Buero Vallejo y autor de la novela Las autonosuyas que ha puesto de actualidad Ada Colau con su escuela de traductores.

Nadie se acordaba de Franco y con razón. Su muerte política, sus diferentes muertes políticas (el conturbernio de Múnich, la política de reconciliación del Pecé, el congreso de Suresnes, el atentado contra Carrero) fue muy anterior a su muerte biológica, pero ahora nos quieren vender lo contrario, que políticamente Franco todavía vive en un Poltergeist vergonzante. Han pasado 43 años, como el Licor 43. Si nos asomáramos a esa misma brecha de tiempo desde el día que Franco murió en la cama, 43 años atrás nos situaríamos en 1932, segundo año de la Segunda República, el de la Sanjurjada, año en que Azaña destina a Franco a La Coruña como jefe de la XV Brigada de Infantería. El promotor de los 40 años de franquismo tenía 40 años. Faltan quince días para un nuevo 20-N. El Gobierno ha rodeado de carga simbólica una fecha que ya se había descolgado de su contexto. Franco tenía 40 años en 1932. Los otros dos personajes célebres que mueren también un 20-N, el mismo día del 36, José Antonio Primo de Rivera tenía 29 años y Buenaventura Durruti 36. Los tres consideraban a la Monarquía un "Estado hembra", palabras que Almudena Grandes pone en boca del falangista hermano de la protagonista de Inés y la alegría.

A los 40 años de la Constitución, el antifranquismo hecho Carta Magna, un efecto sonda del Gobierno ha permitido este remake de la novela de Vizcaíno Casas, cuyos libros suelen estar en los puestos del Jueves junto a Casa Vizcaíno.

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