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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Libre

Borbolla fue el primer socialista que supo concebir Andalucía como una realidad política sobre la que actuar

Tengo para mí, aunque no sé si esta tesis me la avalará la historiografía épica construida en torno a la autonomía andaluza, que José Rodríguez de la Borbolla fue el primer dirigente socialista que concibió Andalucía como realidad política y que supo además qué hacer con ella desde la óptica socialdemócrata que por los años ochentas imperaba en una Europa en la que no había caído el muro. Lo anterior, lo de Escuredo, fue otra cosa: un trile por el que el PSOE le quitó la bandera a los bisoños andalucistas de entonces una vez comprobado que, en los balbuceos de la democracia, la blanca y verde vendía más de lo que se hubiera podido suponer y que ese entusiasmo pedía a gritos ser convertido en votos.

Pepe Borbolla, cuando le tocó ser presidente de la Junta, puso en marcha dos actuaciones que plasman cuál era su idea de para qué servía la autonomía andaluza: el único intento serio que se ha hecho de articular territorialmente la región, mediante la autovía que la atraviesa desde Huelva a Almería -un éxito con todos sus problemas-, y un ambicioso proyecto de modernización de la agricultura andaluza, malparido con la etiqueta de reforma agraria y que al incluir la medida demagógica de que se podían expropiar fincas se estrelló contra los tribunales y terminó en el cubo de la basura. Fue el sueño de la California europea y un fracaso de los que hacen época, que terminó pagando caro.

También pagó creerse que otro PSOE era posible y plantar cara al entonces todopoderoso Alfonso Guerra. Cayó víctima de las traiciones tan propias de su partido, acuchillado por algunos de los que lo habían acompañado y alentado. Con una dignidad poco frecuente se retiró discretamente a sus labores como profesor universitario y abogado, tras intentar sin éxito ser alcalde de Sevilla, y siempre estuvo allí cuándo su partido lo necesitó. De Borbolla se ha dicho siempre que por apellidos, herencia liberal y actitud coherente suele caer mejor a los que lo que nunca lo votarían que a sus electores naturales. Hoy, felizmente jubilado y libre, vuelve a coger protagonismo por su valiente denuncia de la aventura separatista, con lo que le ha prestado un servicio impagable a sus siglas. Nadie puede dudar que es una de las cabezas mejor amuebladas del socialismo español y que Susana Díaz no se ha equivocado al situarlo como uno de sus más asiduos asesores.

Que desde sus propias filas se le lancen adjetivos como "señorito" sólo sirve para dar idea de cómo está su partido, lo que no deja de ser un problema. Y no sólo del PSOE.

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