La tribuna

jaime Valdivieso Bustamante

La 'Ley Groucho' vigente en España

PREDECIR en este momento quién será el próximo presidente de España es tarea imposible a menos que se recurra al cara o cruz: 50/50. Si observamos objetivamente el estado actual de nuestra situación política veremos que un modelo de predicción tendría limitaciones similares a las que hay en economía, en climatología, en neurología o en física de fractales; por tratarse de fenómenos demasiado complejos llamados caóticos, descritos mediante ecuaciones no lineales, los resultados son impredecibles.

Algunos elementos que contribuyen a esta gran complejidad que tanto afecta la elección del próximo presidente de España guardan íntima relación con la inestabilidad ideológica, emocional, racional y ética, de los principales actores. Cada uno tiene una llave para alcanzar una solución pero hace falta que las llaves coincidan como ocurre en otros países de nuestro entorno, aquí no.

En consecuencia, no pretendo hacer una predicción sobre quién ha de gobernar España sino aproximar una solución práctica que hoy tendría una baja probabilidad de alcanzarse pero que no es imposible en el futuro próximo. Antes de definir esa solución conviene resaltar algunos elementos que han pesado fuertemente en el pasado inmediato y que caracterizan la encrucijada en que nos hallamos.

En 2011 el PP obtuvo mayoría absoluta cuando al PSOE le caían chuzos de punta a causa de los casos de corrupción que aparecían a diario. Otro elemento que agravó la caída del PSOE fue su desastrosa política económica que empeoró la crisis mandado a millones al paro. Como al PP que entonces también se le habían descubierto gravísimos casos de corrupción, (Gürtel, Bárcenas, etc.) esto lleva a deducir que la proximidad del tiempo transcurrido desde la aparición pública de un escándalo es lo que tiene mayor repercusión emocional en el ciudadano al momentos de votar. Pesaron más los eres que los bárcenas.

Tras las elecciones del 20-D, el principal factor que llevó al PP y al PSOE a perder de forma estrepitosa sus anteriores apoyos se debe en buena medida a la percepción de su corrupción por parte de los electores, y la consecuencia fue el desvío de los votos PP a Ciudadanos y los del PSOE a Podemos.

Como todo el mundo preveía, en las dos votaciones de investidura de Sánchez no ocurrió nada.

La Ley de Groucho que dice: "Éstos son mis principios, si no le gustan tengo otros" es en buena medida lo que guía los acuerdos de apoyo entre partidos ávidos de poder. Ejemplos de renuncia a la base ideológica se da en todos los partido; "lo importante es llegar al poder y luego veremos" como dijo en una ocasión el marxista Salvador Allende. Felipe González renunció al marxismo y apoyó entrar en la OTAN. En Podemos, que oculta su ideología marxista, sería interminable citar los casos en que Iglesias aparenta renunciar a sus principios. Por presión de C's, Sánchez acordó retirar medidas de su programa contrarias al crecimiento económico, etc...

Teniendo en cuenta la repercusión de estos comportamientos en todo el abanico político cabe preguntarse cuándo los dos posibles candidatos -Rajoy y Sánchez- comprenderán que por encima de sus ideologías está el interés de España. Desde la publicación de los resultados el 20-D, han salido de España 70.000 millones de euros, y el BCE advierte que mientras el Gobierno sea provisional estaremos impidiendo la entrada de capital indispensable para mantener el crecimiento, reducir el paro y cumplir el compromiso de déficit.

Afortunadamente tanto en el PP como en el PSOE comienzan a oírse rumores de que sus respectivos representantes pueden ser un obstáculo para alcanzar un acuerdo tripartito con C's y a su vez esta opción ha sufrido un serio revés con el acuerdo PSOE-C's que excluye a Rajoy como presidente, teniendo la primera mayoría. Sin duda Rajoy que ha aplaudido a tantos corruptos dentro del partido ("Nadie podrá probar que Bárcenas y Galeote no son inocentes". "Fabra es un ciudadano y un político ejemplar para el PP". "¡Yo te quiero, Alfonso, coño, te quiero, coño, tus éxitos los considero mis éxitos") ha demostrado su absoluta incapacidad para perseguir la corrupción del partido. En cuanto a Sánchez basta con oír las críticas de jerifaltes del PSOE para entender que ven su nombramiento un error como el cometido con ZP. Entonces ,¿qué queda?

Es de esperar que en el PP y en el PSOE vayan entendiendo que cabe una solución muy simple orientada a resolver los problemas de España y no los suyos: un acuerdo sólo entre los dos partidos les da una mayoría amplia para nombrar presidente a algún personaje ajeno a ambos partidos que se comprometa a llevar la economía por buen camino durante un período limitado a unos dos años.

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